Por: Mario Fernando Prado

¿Firmó o no firmó?

Lo que le está sucediendo a Aurelio Iragorri Valencia no es de poca monta. Cuando fue gobernador encargado del Valle, tras la destitución de Useche, le tocó conocer de un contrato para introducir y comercializar en este departamento los productos de Puro Colombia, un aguardiente y un ron bastante más baratos que los de la Industria Licorera del Valle.

Ya salido Aurelito del mal llamado Palacio de San Francisco, se advirtió que el contrato había sido firmado, lo cual va en contravía con las finanzas del departamento y es un golpe mortal a las ventas de los licores bandera de la región. Rayos y centellas llovieron sobre el funcionario, hablándose incluso de un tremendo negociado. A lo anterior se sumó el silencio de Iragorri, que dio paso a que se repitiera la vieja frase “el que calla otorga”.

Entretanto, el Puro Colombia ha invadido las estanterías y los puntos de venta y comenzó a ganar un importante mercado. Además, se otorgó a Casa Grajales —empresa intervenida por el Estado— la maquila para el envasado de esos productos.

La pasada semana el asesor presidencial denunció que su firma fue falsificada, que nunca conoció de este contrato y que jamás colocó su rúbrica en semejante esperpento. Su denuncia la sustentó entregando pruebas grafológicas en las que se advierte que el garabato que aparece en el contrato tiene siete diferencias que demuestran que no es su firma.

Pero como el documento tiene además las firmas de las secretarías jurídicas que conocieron de antemano el contrato y se lo pasaron para que estampara su bancaria, se está averiguando también la veracidad de ello que, de ser como dice Iragorri, echará para atrás este atentado contra las rentas vallecaucanas.

Lo que no es claro para muchos observadores es que Iragorri no haya puesto el grito en el cielo y sólo lo haya hecho 90 días después, a lo cual él ha respondido que guardó un total hermetismo mientras se hacían las pruebas de rigor y se cotejaban las firmas por parte de la Fiscalía, versión que tendrá que ser confirmada por el ente estatal.

Así las cosas, queda flotando en el ambiente si firmó o no firmó y si le falsificaron la firma o no, aunque todo apunta a que a este popayanejo le metieron un olímpico embuchado del cual ojalá salga airoso como le corresponde a todo un nieto del expresidente Guillermo León Valencia.

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