Por: César Rodríguez Garavito

La foto del año (afro)

Con irónico sentido de la oportunidad, la revista Hola cierra el año mundial de los afrodescendientes con la foto de dos sirvientas negras (porque eso son en la imagen), apostadas como adornos en los márgenes de la escena donde sus blancas patronas —las "mujeres más poderosas del Valle del Cauca", según Hola— posan frente a la piscina de su “formidable mansión hollywoodense”.

Por si los impecables delantales y la vajilla de plata que llevan las empleadas dejaran alguna duda sobre su lugar en la foto y en el mundo, los genios de la revista española se aseguraron de que no miraran a la cámara, sino que posaran al fondo y de perfil, mirándose la una a la otra.

Ya se ha dicho mucho sobre el retrato, que se regó como pólvora por las redes sociales. Para no repetir las justificadas críticas a la imagen, prefiero referirme a lo que enseña el debate sobre ella.

Lo primero que llama la atención es la misma existencia de la reacción colectiva contra la foto. Para quienes trabajamos en estos temas, sorprende gratamente ver cómo el negacionismo sobre la discriminación racial va cediendo, por lo menos en fogonazos de indignación como los de la última semana. Como lo saben los sociólogos desde Durkheim, los prejuicios y los consensos sociales cambian a medida que se transforman las emociones colectivas, y éstas se activan con símbolos e imágenes como el retrato de marras. De ahí la importancia del debate reciente, que ejercita la dormida indignación contra la discriminación. Si la conmemoración del año afro tuvo al menos una mínima influencia en este cambio, cumplió su cometido.

Tampoco es como para cantar victoria: según los datos de la encuesta LAPOP, más de la tercera parte de los colombianos niegan que haya racismo, y son muchos los analistas y hacedores de políticas públicas que siguen sosteniendo lo mismo. Pocos han expresado esta posición con tanta candidez como Rosa Jaluf, la mayor de las damas vallunas de la foto: “todo el mundo sabe que aquí en Colombia hay una cantidad de personas de color que hacen su vida y nosotros la respetamos”.

Y agregó al colgarles el teléfono a los de la W: “aquí en el Valle hacemos las cosas bien… Yo doy por terminada esta entrevista porque yo no necesito decirles a ustedes cómo vivimos nosotros aquí”. Imagino que con ello la presidenta de Fenalco Cali no se estaba refiriendo al constante acoso policial que viven los jóvenes negros de Aguablanca, que ha documentado el Observatorio de Discriminación Racial; o a los patrones de segregación racial de los barrios de la ciudad que ha estudiado el CIDSE de la Universidad del Valle; ni a la sospechosa escasez de empleos para gente negra en los bancos y supermercados caleños.

Pero no creo que el problema sean sólo las prestantes señoras. Curiosamente, los críticos se han ensañado con ellas y pocos han reparado en que la revista es responsable de la escena y la publicación de la foto. El autor de la imagen, el fotógrafo Andrea Savini, no sólo justifica lo injustificable sino que saca de la manga el contraargumento clásico de los negadores de la discriminación. “El que hace polémica por el reportaje lo que está haciendo es discriminando a los negros”, sostuvo. Así pensará también la revista, que ha guardado silencio en medio de la lluvia de críticas. Al fin y al cabo, según Savini, “Hola no es una revista que trate temas controvertidos”.

Afortunadamente, el episodio sugiere que son muchos los que piensan que el clasismo, el sexismo, el racismo, la homofobia y otras formas de discriminación son temas para controvertir públicamente. Una buena forma de terminar el año.

Pésame: Si Álvaro Camacho, sociólogo agudísimo de la realidad vallecaucana y colombiana, no se hubiera ido a destiempo, quizás en su próxima columna nos habría ayudado a entender todo esto a los que venimos detrás. Lo extrañaremos y lo recordaremos.

*Miembro fundador de Dejusticia (www.dejusticia.org).

Buscar columnista

Últimas Columnas de César Rodríguez Garavito