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Juan David Ochoa 28 Jun 2013 - 11:00 pm

Fuero Militar

Juan David Ochoa

El oficialismo y el congreso espurio que rechaza o decreta proyectos de ley acordes a la dulce conveniencia, defienden insistentemente el ya aprobado fuero militar como una gracia construida en profundos tecnicismos que jamás, dicen, podrán llegar a los excesos de la fuerza, a la sobreexcitación del poder o a los infiernos de la impunidad.

Por: Juan David Ochoa

Y repiten, sobreexcitados también en los discursos persuasivos de la imponencia diplomática, que es la mejor estrategia contra el crimen y el desorden, contra las turbas violentas, las protestas malintencionadas y los infiltrados oscuros en las marchas aceptadas por la democracia. 

No es extraño que el oficialismo y el congreso recurran a las tácticas de la retórica para avalar sus tesis. Lo extraño es que los ciudadanos ajenos a la burocracia puedan creer en semejante adefesio de la argumentación y de la lógica. Las defensas posibles al fuero militar, con tecnicismos renovados o sin ellos, con modificaciones profundas o sin ellas son absurdas, contradicen el más amplio y superfluo sentido común. Sus soportes discursivos se hunden por el propio peso de la incoherencia.

Si las cuerpos del orden hicieron uso continuo de la fuerza desde siempre para reprimir los brotes del desorden o las ráfagas de grupos ilegales con un canon de control que les frenaba los impulsos del sadismo, y si aun bajo ese canon se excedieron y alcanzaron los niveles macabros conocidos, ni la imaginación, acostumbrada ya entre el pesimismo retorcido y el morbo, podrá alcanzar esas extremas posibilidades del terror, porque la fuerza se adapta siempre a su brutalidad y se inclina progresivamente hacia la justificación de sus excesos.

Razón tiene la ONU y las diversas organizaciones internacionales en decir que la oficialidad del fuero militar es un abrupto retroceso en el tiempo. Pero aunque tengan razón, no deja de ser esta declaración un reverendo eufemismo. El retroceso en el tiempo es el viaje insistentemente dirigido por los sátrapas que siguen al mando de este carro cavernario, aferrados a una religión de mercachifles y a un ridículo grito patriotero. El fuero militar es otra voz, es entregarle al cuerpo armado del establecimiento otra licencia a su profunda paranoia en los supuestos refugios de la subversión donde no están las cámaras ni los micrófonos del seguimiento. Es extenderles el margen del poder sobre las reglas de la guerra y reducirles las opciones del castigo en unos juicios amañados por los propios caprichos jerárquicos de su justicia filial. Juicios que aun, existiendo sin el fuero, se reflejaron en la nauseabunda impunidad del resort de Tolemaida. 

Puede decir el ministro de defensa lo que quiera. Pueden optar por los recursos infinitos del lenguaje para seducir a la sospecha general. Mientras tanto el Esmad estrena el fuero militar acribillando a bala a cuatro “revoltosos” en el Catatumbo.

  • Juan David Ochoa | Elespectador.com

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