Por: Iván Mejía Álvarez

Fútbol enfermo

Los síntomas siguen apareciendo, el enfermo no se reanima, semana a semana hay nuevas evidencias de la grave enfermedad que vive el balompié colombiano y lo peor es que en ese camino hacia la muerte, hacia su autodestrucción, los médicos de turno, la dirigencia de la Dimayor y la Federación, parecen absolutamente incompetentes para meter mano y reorientar el tratamiento.

No hay nada que agregar a la magnífica columna escrita por Hernán Peláez sobre el tema de los adolescentes del Quindío reclutados a última hora del Boca para jugar en Bogotá y ser goleados por Millonarios. Sólo hay que recordar que el dueño del Quindío ha sido miembro de la Comisión Ejecutiva de la Federación durante los últimos años y uno de los individuos más nocivos que se conozcan en el medio, socio e íntimo amigo de González Alzate, el auténtico cáncer del fútbol aficionado. Lo grave es que se hayan abierto las puertas para proteger a Ángel y al Quindío de una merecida sanción, pérdida del reconocimiento deportivo, exclusión del campeonato, por su falta de seriedad, transparencia y respeto. La afición quindiana no lo merece pero se lo ha ganado a pulso, han aguantado a sujetos como Ángel y Gustavo Moreno Jaramillo, unos vividores y exprimidores del fútbol, unos negociantes sin hígados y respeto por nada diferente a billete para sus bolsillos.

También es evidente de la calamitosa situación que vive el fútbol que el panameño Luis Moreno agarre a patadas en el piso a un rival y haya quien lo defienda porque “el fútbol no es para niñas”. Moreno es un cobarde con evidentes síntomas de demencia, que ayer agarró una lechuza a patadas y hoy lo hace con un rival. Su manera de actuar, esa imagen lamentable de cómo se ensaña con un adversario dándole golpes de una forma violenta e injustificada, debería motivar a la Comisión Disciplinaria a sacarlo del escenario metiéndole una sanción de 20 ó 30 fechas. Fuera Moreno, lárguese de acá, váyase a su país a mostrar su faceta criminal. Usted no merece estar en este país, suficiente tenemos con los delincuentes criollos para recibir refuerzos.

Y ahora resulta que la cancha de El Campín se inunda y bien feo cada vez que llueve torrencialmente. Como la de Medellín hace poco. Dos sedes del Mundial Sub-20 en las que se invirtieron muchos millones mostrando su peor faceta y dejando graves cuestionamientos sobre la forma en que se hicieron las obras. Cuestionamientos por sobrecostos, lentitud y atraso en las remodelaciones de Cartagena y Cali, para no hablar de las contrataciones en el Eje Cafetero.

Este fútbol está enfermo, tanto o más que el país de los Nule y los Moreno.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez