Por: Juan Carlos Gómez

¿Fútbol para todos?

La foto de Cristina Fernández de Kirchner y Diego Maradona, en el lanzamiento del programa Fútbol para Todos, en agosto de 2009, es un ícono perfecto de manipulación y populismo.

Sucedió que la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), en medio de una profunda crisis económica, le solicitó a la empresa de televisión titular de los derechos de transmisión del fútbol que le pagara más del triple por el valor de esos derechos.

La presidenta Fernández aprovechó la oportunidad para darse vitrina y de paso golpear al grupo de medios Clarín, enemigo de su régimen. Dispuso entonces utilizar el erario y pagar alrededor de US$150 millones para que el canal público de televisión transmitiera los partidos de fútbol, en lugar de la empresa que lo venía haciendo, de la que el grupo Clarín era socio.

Insólita manera de ganarse al pueblo. Por más de que ese deporte despierte tantas pasiones y tenga tanta acogida popular, su disfrute a través de la televisión de ninguna manera es una necesidad vital ni su carencia constituye la violación de un derecho fundamental. Es un asunto comercial que debe resolver el mercado sin que el Estado meta la mano.

En Colombia la pelea entre los operadores de cable Telmex y Une con la Dimayor, por el valor de los derechos de transmisión del torneo profesional de fútbol, corre el riesgo de seguir ese camino.

Entró a terciar en esa disputa el senador liberal antioqueño Luis Fernando Duque, a través de un proyecto de ley que busca declarar de interés público el fútbol profesional colombiano con la finalidad de que todos los canales de televisión en Colombia tengan la posibilidad de transmitir los partidos de su interés, sin que pueda existir exclusividad.

Por otra parte, un ciudadano presentó en Cali una tutela con la finalidad de que el Estado decidiera quién puede transmitir los partidos de fútbol.

Afortunadamente el Tribunal Superior de esa ciudad declaró improcedente la tutela solicitada. En cuanto al proyecto de ley, no debería suceder nada distinto a su archivo. No puede ser posible que el legislador colombiano quiera revivir la tradición del pan y circo que hizo tan famosos a los emperadores romanos.

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