Por: Iván Mejía Álvarez

Ganarle a Bolivia

Entre el optimismo y el triunfalismo hay tan solo una ligera y sutil diferencia. El optimismo es bueno, reconforta, invita al cumplimiento de metas y las hace ver cercanas y posibles de realizar. El triunfalismo, en cambio, ya da por hecho que se cumplirán las expectativas y termina siendo nocivo y peligroso.

Hay que ser optimistas para enfrentar este jueves a Bolivia en el primer juego de un importante combo en el que Colombia podría quedar metida entre los clasificados provisionalmente al Mundial de Rusia. El fútbol colombiano es mejor que el boliviano, en hombres, en noción colectiva, en referencias históricas. Además, se juega en casa en un calor impresionante al que no están enseñados los visitantes.

Pero no se debe ser triunfalistas para dar por descontado que ya se les ganó, que ya se les goleó, primero hay que salir al campo, hacer el mejor esfuerzo y aplicar en el terreno los parámetros de esa superioridad y jugar, jugar bien para echarse los tres puntos al bolsillo. Por eso resulta improcedente pensar en alineaciones revolucionarias, en grandes cambios que incluyen hasta módulos que hasta el momento no se han trabajado, en variantes.

Contra Venezuela se ganó, pero quedó la sensación de que habían faltado goles y que esas opciones desperdiciadas por Bacca y compañía van a pesar a la hora de la definición cuando un empate en puntos se termine definiendo por diferencia de goles. Aparte de ganar, que resulta obligatorio para no resignar las posibilidades de Rusia, es necesario hacer goles.

Los rivales de Colombia en este combo no son Bolivia y Ecuador. El enemigo del seleccionado nacional es su propio juego, su falta de fútbol en los últimos partidos, la ausencia de generación ofensiva. En los últimos partidos, contra Uruguay, Chile y Argentina, el equipo estuvo trabado en el medio, escaso de luces e ideas y es vital recuperar el juego, la circulación, la profundidad. Macnelly tiene que volver a ser el faro como lo es en Nacional para que meta los balones de gol que se requieren. Cuadrado tiene que volver a ser desequilibrante, pero hay que ponerlo a jugar más de atacante y menos de marcador de punta. Esos veinte metros en el posicionamiento del juventino son vitales para reencontrarlo en su mejor fútbol. Y James debe olvidarse de sus amarguras del Real y jugar alegre, hacia adelante, con su talento natural.

Para ganarle a Bolivia el equipo tiene que ser optimista en su fútbol y su juego, tocando, circulando la pelota, llegando con opciones. Eso sí, para evitar un dolor de cabeza que significaría olvidarse de Rusia, no se puede caer en el triunfalismo de creer que de camiseta ya se les ganó.

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