Por: Cartas de los lectores

Ganó el tedio

Una carta sobre la decisión de la Corte Constitucional de permitir el matrimonio de parejas del mismo sexo.

Ganó el tedio

Es casi redundante o monótono insistir en que la ciencia ha probado más allá de toda duda que la homosexualidad no es una enfermedad, que los hijos de parejas gais crecen sin ningún inconveniente y que los prejuicios contra esta comunidad son vulneraciones a los DD. HH. También es molesto y aburrido denunciar lo anacrónica que es la homofobia, junto con todos los argumentos trasnochados que ponderan la familia, la institución (hasta la propiedad), como los pilares de la sociedad, asumiendo que no son creaciones sociales sino formas de comportamiento labradas en marfil (ebúrneas, diría el procurador) y que estamos ad portas del fin de Occidente y de la civilización tal y como la conocemos.

Haciendo de lado todas estas tesis que —de parte y parte— personas mejor preparadas que yo van a repetir toda la semana, me permito en cambio ser el aciago mensajero del aburrimiento y traer a colación las seguras reacciones que vendrán en breve: vislumbro a una siempre indignada María Fernanda Cabal relacionando el matrimonio igualitario con La Habana y sugiriendo que sus defensores padecen alguna enfermedad mental; también veremos al insufrible concejal de la familia instando a la vuelta a los valores cristianos recordando que fiestas paganas como el Halloween o la instrucción sexual en los colegios nos han llevado a este desenfreno. Ya tuvimos, como era de esperarse, al doctor Uribe hablando del derecho natural; esperemos que las consejas de este prohombre de la Nación no vuelvan a exponer su teoría del “gustico” y de la procreación como base del matrimonio: no en vano cómo serían posibles entonces hijos tan honrados y emprendedores como sus dos bisoños. Para el final tengo que dejar a la Iglesia católica, que combina las formas de lucha con su adelantado Excmo. Sr. Alejandro Ordóñez, procurador general de la Nación, último baluarte de la única Carta genuina de la Nación: la del 86. De seguro la curia nos recordará su apego irrestricto a la Constitución y las leyes (amén de las exenciones en impuestos), y jurando que no son postulados religiosos denunciará el detrimento en la familia, mientras que con paternal dulzura algún presbítero nos exhortará a volver a las enseñanzas de Cristo y las escrituras como fuente natural de toda ley, donde la venta de niñas, la dilapidación por infidelidad o la homosexualidad son severamente castigadas (afortunadamente la exégesis católica vía Dei Gratia nos exime de pensar la aplicabilidad de cualquiera de estos postulados). Obviamente, para la parte jurídica está el procurador, quien con la objetividad que lo caracteriza pondrá su genio legal a funcionar y planteará toda clase de argucias plebiscitarias para que el verdadero pueblo dé su opinión y frenen este retroceso moral, a lo cual se sumarán las voces relapsas de Jimmy Chamorro y Viviane Morales, quienes, a la sazón, a pesar de lo cismáticos, le servirán muy bien.

Eso, infortunadamente, es lo que se ve venir…

Juan Camilo Cuéllar Mantilla. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Buscar columnista