Manuel Drezner 26 Jul 2012 - 11:44 pm

EL ARTE Y LA CULTURA

García Lorca en ópera

Manuel Drezner

El Teatro Santo Domingo presentó una hermosa ópera del argentino Osvaldo Golijov, sobre la muerte de García Lorca vista a través de su amiga y actriz predilecta, Margarita Xirgú.

Por: Manuel Drezner
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La ópera se llama Ainadamar, palabra árabe que significa “fuente de las lágrimas” y que se refiere al manantial cerca de Granada donde García Lorca fue fusilado por la barbarie falangista. La música es de gran belleza y muy asimilable y eso hizo que un sector mínimo se quejara de que Golijov hacía demasiadas concesiones al público, como si fuera pecado el que se cree arte que sea accesible. Cierto, la obra de Golijov es ecléctica y no comparte ninguna de las tendencias de la vanguardia, pero es de gran calidad y cumple con un precepto básico del arte y es que llega a las emociones de quien la oye.

En la ópera hay una constante referencia a la balada de Mariana Pineda que figura en la obra de teatro de García Lorca, y la Xirgú recuerda cómo cuando estrenó esa obra fue cuando conoció al poeta y cómo su amistad se desarrolló hasta el punto de que le pidió que se fuera con ella a Cuba, ya que su vida corría peligro ante el avance falangista. Al negarse el escritor a abandonar su Granada, comienzan los vaticinios de muerte. Por ejemplo se citan las infames palabras que pronunció el general franquista José Millán Astray, el fundador de la Legión, quien en la Universidad de Salamanca, ante nadie menos que su rector, don Miguel de Unamuno, gritó sin vergüenza alguna: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”. Participa en el desarrollo un coro femenino, un cantaor y el personaje de Ruiz Alonso, el causante directo de la muerte de García Lorca. La obra tiene una unidad impresionante y, como ya se dijo, en los noventa minutos que dura, la música es de gran belleza. El acompañamiento, casi como solista de la percusión, da un fondo musical tétrico a ese interesante desarrollo.

En el final, cuando Margarita Xirgú menciona que “Hice lo posible por mantenerte vivo, por pagar mi crimen, el crimen de vivir” se oyó cómo el teatro aguantaba la respiración. Esa compenetración de la obra con su público muestra su gran calidad, y el que se haya conocido en Bogotá tan rápidamente después de su estreno hace doblemente meritoria esta presentación.

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