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Santiago Villa 25 Mar 2013 - 11:00 pm

La globalización de los emergentes

Santiago Villa

Los países emergentes están reestructurando el panorama geopolítico, y hoy comienza su evento mediático más visible: la cumbre de los BRICS.

Por: Santiago Villa
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 La hegemonía occidental llegó a su fin y ha comenzado una nueva etapa para las civilizaciones mundiales. Este anuncio ha sido pregonado desde hace una década por analistas que cada vez tienen más argumentos para sustentar su posición. Estamos presenciando una redistribución del poder político, financiero, industrial y demográfico, que es comparable con la que aconteció a principios del siglo XVIII, cuando Europa consolidó su política de expansión colonial. Hoy, sin embargo, los protagonistas de este cambio son los países del hemisferio sur y de Asia que fueron colonias, o que estuvieron sujetos a la dinámica imperialista

En esta transformación hay una paradoja interesante, y se trata del papel que ha desempeñado la globalización. Este fenómeno, que ha sido criticado por muchos como una herramienta para el dominio de los países ricos sobre los países pobres, ha terminado por convertirse en un arma certera de los países emergentes para lograr el reequilibrio del poder en el panorama internacional.

Uno de los ejemplos más mediáticos de esta transformación acontece hoy en Durban, Sudáfrica, con el inicio de la quinta cumbre del grupo de los BRICS, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. El acróstico fue ideado por Jim O´Neill, analista de inversiones de Goldman Sachs, en el año 2001. Su propuesta, que estaba dirigida a los inversionistas, fue retomada por los jefes de Estado de estos países, y crearon una nueva institución multilateral, que este año anunciará la creación de un banco que contrarreste al Banco Mundial.

Originalmente O´Neill habló de los países BRIC, sin incluir la “S” final que representa a Sudáfrica. El país que hoy es el anfitrión de la cumbre fue incluido en el 2011, luego de un intenso lobby realizado por el gobierno de Jacob Zuma a Pekín.

Mientras que en Europa la crisis económica ha sumido al continente en un crecimiento que oscila entre las cifras negativas y las insignificantes, y en Estados Unidos el gobierno de  Barack Obama celebra cada mes ínfimos aumentos en los empleos que crea el sector privado,  las economías emergentes no dejan de expandirse.

Las cifras hablan por sí solas: el crecimiento del PIB para todos los países del G7 (Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón), juntos, fue de 3,9%. El de los países BRICS fue de 20,7%. El motor de este auge es la globalización.

Los países asiáticos de los BRICS (India y China) se han hecho con la producción de hardware y software de buena parte de las compañías estadounidenses, como Apple, que aprovechan las ventajas que estos países ofrecen para aumentar su rentabilidad, gracias a que allí  el trabajo obrero y calificado es más económico.

La apertura de Rusia al capitalismo transnacional ha hecho de empresas como Rosneft gigantes del mercado energético. La compañía petrolera BP, del Reino Unido, se ha mantenido a flote luego del desastre de la plataforma Deepwater Horizon, en el Golfo de México, en gran parte gracias a las empresas conjuntas que tiene con los rusos

La exportación de commodities agrícolas, y las exploraciones internacionales en petróleo y carbón realizadas por empresas como Petrobras y Vale, dan cuenta de la veloz expansión que tuvo Brasil hasta el año 2011 (en el 2012 su crecimiento fue de tan sólo 1,3% del PIB).

Por último, Sudáfrica es un caso curioso. Su economía es bastante más pequeña que la de los otros países BRICS, que es la razón por la que Jim O´Neill ha criticado su inclusión en un acróstico que diseñó con otros parámetros a los que aplicaron por los BRIC para aceptar su membresía al grupo. Entre los principales motivos para incluir a Sudáfrica se halla la promesa de facilitar el acceso a los codiciados mercados y commodities del continente africano

A la cumbre en Durban asistirán delegaciones de casi todos los países de África, que están ansiosos por beneficiarse de esta nueva etapa de globalización protagonizada por las potencias emergentes. Brasil y China, particularmente, tienen importantes intereses mineros, agrícolas y comerciales en este continente. Brasil quiere replicar en Mozambique sus estrategias de mega-agricultura y Vale tiene en el norte del país una de sus minas más grandes de carbón. Alrededor del 16% del petróleo que importa China proviene de Angola.

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text-align:justify">Pero esta historia de éxito de los países emergentes dentro de la dinámica de la globalización tiene aspectos menos amables, que serán el tema de la próxima columna.

text-align:justify">Twitter: @santiagovillach

  • Santiago Villa Chiappe | Elespectador.com

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