Por: Rafael Orduz

Gobierno y Fecode: sin calidad

A menos que haya negociaciones de última hora, hoy comenzará el paro de los maestros agrupados alrededor de Fecode.

Por el momento en que se produce, lo más probable será que el Gobierno acepte las peticiones del gremio en las que un tema crucial, la calidad, está ausente.

En un grado de debilidad sin precedentes del Gobierno Nacional, Fecode está, sin duda, mejor organizada que los paperos de Aquitania e Ipiales que, con campesinos de muchas partes del país, sorprendieron con sus justas aspiraciones en las vías de Boyacá y Nariño.

Ningún gremio de empresarios ha colocado el número de congresistas que Fecode ha elegido después de la Constitución del 91. Diez millones de estudiantes, cuya educación está a cargo de más de 300 mil maestros que, sumados a padres de familia, representan al menos el 30% de la población colombiana, son cifras mayores.

Por su parte, así como el Gobierno ha prometido a los campesinos que revisará los tratados de libre comercio con tal de frenar la movilización que le derribó casi 30 puntos de favorabilidad al presidente en cuestión de días, así lidiará con la movilización de maestros. No puede darse el lujo de paros largos y menos de corte nacional.

Lo malo del paro de maestros no radica en las peticiones principales de Fecode, sino en lo que no tiene peso en la agenda. Sin duda, el tema de la salud de los maestros, punto clave del pliego, es, literalmente, vital para quienes tienen a cargo la educación básica y sus familias. La financiación del fondo del magisterio, el pago de cesantías represadas y de otros pasivos distan de ser solicitudes insensatas, alrededor de las cuales la discusión está en la disponibilidad fiscal.

Lo realmente ausente y costoso para el país es la discusión seria acerca de la calidad en la educación. En ello le cabe responsabilidad al Ministerio y a Fecode.

Al primero, por la dramática ausencia de liderazgo y narrativa acerca de la necesidad de contar con maestros y estudiantes que impartan y reciban educación de la mejor calidad, y de su impacto en el bienestar social y la productividad de la sociedad en su conjunto. Competencias ya demostradas durante el intento de reforma a la educación superior hace más de dos años.

Al segundo, porque sigue anclado en los argumentos del neoliberalismo y la privatización cuando de calidad y evaluación de maestros se trata. Los resultados actuales de las distintas pruebas a estudiantes guardan íntima relación con la forma de inserción al mundo global que de hecho hoy tenemos: la de un país que exporta un puñado de materias primas, que pareciera no requerir niños y jóvenes que se destaquen por su pensamiento crítico y sus resultados en ciencias y lecto-escritura.

Los maestros mismos deben dar la batalla por la permanente actualización y por convertir su carrera en la mejor evaluada y la más prestigiosa, y ser los primeros en prender las alarmas ante los resultados de las pruebas internacionales de los chicos que educan.

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