Por: Columnista invitado

GOD

Sufro una mezcla de ira, dolor y vergüenza por la manipulación de conciencias que ejercen desde los púlpitos los pastores de las iglesias, lo cual, además, debe ser un gran negocio, porque ahora en los barrios hay tantos templos como panaderías.

Por: Alberto López de Mesa*

Lo que nació en la Constitución del 91 como una apertura necesaria a la libertad de culto, para superar la hegemonía del catolicismo en la educación, la política y la fe, se ha convertido en la feria de la charlatanería, la superstición y la ignorancia. De las ideas renovadoras de los protestantes Lutero y Calvino, estas iglesias han adoptado básicamente la imposición de los dogmas  en todas las instancias de la sociedad. Así, la estructura de una misa actual es :

Primero, el pastor, enjoyado y vestido como un empresario, promociona las acciones “altruistas” de su iglesia y descaradamente hace proselitismo a favor de él o del candidato de su secta. Suenan en altoparlantes canciones del pop cristiano, se proyectan en pantallas close up del pastor y paneos sobre la concurrencia. El oficiante dramatiza una liturgia con lectura sobreactuada de salmos y del evangelio, enseguida se invita al proscenio a los que darán su testimonio de milagros y bienaventuranzas, varios de los cuales son calanchines allegados, y los que no, sueltan en público sus muletas y caen de bruces y desde el suelo reciben la arenga exorcista: “No pierdas la fe, tu señor es milagroso…” Luego de esta sesión morbosa y macabra, se le da una bienvenida a los nuevos con cánticos y aplausos y explícitamente se recuerda la importancia del diezmo y de que todo aporte económico es pertinente para el sostenimiento de la iglesia.

El fundamentalismo proselitista de estos religiosos ya lo vimos en su campaña a favor del No en el plebiscito, donde no escatimaron difamaciones contra las Farc  ni satanizaciones a sus rivales políticos, ni en mentir para inducir con miedo el voto de su feligresía. Todas las sectas religiosas (Adventistas, cristianos, Opus Dei, mormones, jesuitas, también musulmanes, budistas, santeros, esotéricos,  etc.) participan  del festín oscurantista, se aprovechan de la ignorancia y hasta la cultivan porque le conviene a su negocio y a su posicionamiento en el poder.

Las iglesias han tecnificado el marketing para vender el perdón de los pecados, el cielo, los milagros y el vade retro a los demonios.

Que me perdonen mis amigos píos y mis amigas religiosas, pero en mi ética social no cabe permitir los embustes y la manipulación en nombre de la fe.  

 

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle 

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