Por: Julio Carrizosa Umaña

Graves predicciones y sueños de Peñalosa

Los mejores suelos del país serán sellados bajo toneladas de concreto y asfalto si se cumple la predicción del alcalde, en su discurso de posesión, acerca del crecimiento de Bogotá.

Si, como él dijo, “el tamaño de la ciudad va a triplicarse durante los próximos 40 años” y se expande hacia el norte y el occidente, sobre los suelos agropecuarios de la altiplanicie, se perderán las cien mil hectáreas planas que hoy todavía producen alimentos, divisas, empleos y recreación para todos los colombianos y desaparecerá un socioecosistema único en el planeta.

Las causas, como también lo dice el nuevo alcalde, son múltiples, pero las soluciones que el propone no parecen ser las más adecuadas. Está muy bien que él trate de construir una ciudad “mejor que la que tenemos hoy”, pero ese logro también sería un atractivo más para acelerar las inmigraciones hacia la ciudad de las familias que no encuentran en el resto del país ni la calidad de vida ni las oportunidades de obtener empleo que genera la altísima concentración de poder, dinero y conocimiento en Bogotá. Cualquier intento de construir una ciudad modelo para el planeta fracasaría ante la magnitud de los flujos de población acelerados también por el cambio climático y por las crisis socioeconómicas regionales.

La administración distrital aunque lo quisiera no podría evitar sola esa tragedia socioecológica; únicamente una fuerte política pública de ordenamiento de los asentamientos de población podría lograr disminuir la velocidad de inmigración hacia la capital y atenuar los efectos del crecimiento inercial de la población actual.

Esa posible política poblacional es también necesaria para racionalizar la situación socioeconómica del país después de la firma de los acuerdos de paz, proceso que no fue mencionado por el nuevo alcalde. Su sueño urbano parece perpetuar la situación actual: un supercentro en donde la concentración de poder, dinero y conocimiento hace olvidar la guerra y las necesidades del resto del país. “Solo mejorando nuestra calidad de vida será posible atraer las personas calificadas, los inversionistas y los turistas que generen la ciudad global que queremos tener”, dijo Peñalosa.

Saskia Sassen, la eminente autora del concepto de ciudad global, probablemente ya no está de acuerdo con el gran sueño de su discípulo. Ella ha descrito las desgracias de las “tierras muertas” y esa contradicción plantea la pregunta fundamental. ¿Es necesario para cumplir esos sueños matar las tierras de la sabana?

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