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Jaime Arocha 7 Ene 2013 - 11:00 pm

Guillermo Hoyos, ética y diversidad

Jaime Arocha

Conflicto y violencia, ecología histórica, Estudios Afrocolombianos, Género, Historia de la Ciencia o Psicoanálisis, hoy son grupos de investigación reconocidos dentro y fuera del país. Sus orígenes son inseparables de la gestión de Guillermo Hoyos como decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, entre 1988 y 1990. Se apartó de la tendencia imperante según la cual las horas que un profesor dedicaba a diseñar y llevar a cabo una investigación consistían en una “descarga académica”. De ahí la libertad para los seminarios permanentes que dieron lugar a escuelas de pensamiento enriquecedoras de la docencia de pregrado, y seminales para los posgrados.

Por: Jaime Arocha
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Como para él la universidad estaba tejida con la nación, estimuló compromisos con procesos como el de paz con el M-19. No titubeó para que representáramos a la Universidad en el campamento de Santo Domingo, nos reuniéramos con Carlos Pizarro y conociéramos su visión sobre el posconflicto. El final de cada viaje era en la Decanatura para informar que no nos habíamos encontrado con disidentes fosilizados, sino con análisis agudos sobre el país y sus necesidades. Nuestro desacuerdo fue con la propuesta de integrar a los pueblos étnicos, mestizándolos en un “sancocho nacional”. Lo consignamos en el ensayo titulado “Hacia una nación para los excluidos”, el cual expusimos en las Mesas de Concertación y Análisis que hicieron parte integral de ese proceso de paz. El Magazín Dominical de El Espectador publicó el escrito, que causó una desazón inesperada, porque además reclamaba derechos territoriales apropiados para los pueblos afrocolombianos del Caribe, el Pacífico y la zona plana del norte de Cauca. Marisol y Claudia Cano promovieron un debate en la sede del periódico con indianistas, abogados especializados en derechos étnicos y activistas, para discutir lo que entonces se leía como exabruptos. Para Hoyos, la respectiva publicación, “Las etnias en la encrucijada nacional”, iluminaría la ya inatajable reforma constitucional.

En 1993 nos unió la propuesta de que el Icfes ajustara sus pruebas de ingreso a la universidad con las diversidades que la Constitución de 1991 había legitimado. Como los expertos convocados insistían en la indiferenciación de la gente negra, me referí a un partido de fútbol que presencié en 1992: cada uno de los 22 jugadores afrobaudoseños vestía el uniforme de su equipo predilecto, y no el del plantel al cual pertenecía. A lo largo del primer tiempo, el árbitro no erró al atribuir las respectivas faltas. Sin embargo, antes del segundo tiempo cayó un aguacero torrencial que convirtió la cancha en un lodazal, por lo cual pasamos de 22 insignias distintas a una sola: el gris del barro que cubría a todos los futbolistas. El árbitro tampoco falló al pitar. De los académicos convocados en el Icfes, tan sólo Guillermo Hoyos calificó ese evento como producto de una lógica matemática alternativa que debería tomarse en cuenta para el rediseño propuesto. Otras experiencias darían cuenta de la falta que nos hará quien respetó las diversidades desde una profunda convicción ética y no se limitó a darles apoyo de dientes para afuera.

 

  • Jaime Arocha | Elespectador.com

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