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Columnista invitado 14 Abr 2013 - 7:24 pm

ELECCIONES EN VENEZUELA

La 'Habanización' de nuestra política exterior

Columnista invitado

O la polémica expresión "Chávez es mi nuevo mejor amigo" tiene efectos hereditarios, o el Presidente Santos y la Canciller Holguín no se han tomado en serio la hipótesis de un triunfo de Henrique Capriles. 

Por: Columnista invitado
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Y es que, evidentemente el Gobierno ha mantenido un silencio estruendoso acerca del proceso de desinstitucionalización que el país vecino ha vivido en los últimos meses. El dolor que produce en la oposición esta actitud lo ha expresado la diputada María Corina Machado, para que nadie se llame a equívocos. Tienen razón al esperar un poco de solidaridad desde Bogotá. 

Sin embargo, no se trata solamente de una percepción entre los caprilistas. En los últimos días, el asesinato del canoero Luis Humberto Cáceres en la frontera, al parecer por miembros de la Guardia venezolana, y la intempestiva cancelación de la visita de un grupo de congresistas colombianos que habían sido invitados como observadores a las elecciones, el Gobierno ha mostrado una actitud abiertamente complaciente con Miraflores. La razón, no es difícil adivinarla, es evitar incomodar al régimen bolivariano. 

Hoy sabemos que la temprana distensión entre Hugo Chávez y Juan Manuel Santos se justificó por la mediación que el comandante tendría en el futuro proceso de negociación con las Farc. Pero, muerto Chávez, ¿por qué se mantiene la misma complicidad con los asuntos del régimen bolivariano, aún cuando en ello puedan estar en juego los intereses colombianos? ¿Será que el Gobierno sacó la conclusión de que la continuidad del régimen es más beneficiosa para nuestros intereses -a pesar de estos incidentes-, o existe alguna otra razón?

Una posible respuesta a estos interrogantes consiste en la decisión que habría tomado el Gobierno de adoptar una estrategia política pragmática hacia Venezuela. Esta se basaría en la lección del costo que trajo consigo las disputas de Uribe y Chávez, por lo cual, mediante una disposición pragmática que atiende sólo a los resultados, el Presidente Santos esperaría obtener el mayor beneficio posible de una política de buena vecindad. El pago de la millonaria deuda a los exportadores colombianos, pero sobre todo, el apoyo de Caracas a un acuerdo de paz con la guerrilla serían los dos objetivos de dicha estrategia.

Ensayemos un balance de la misma. ¿El enfoque pragmático ha dado los resultados esperados? Luego de 32 meses de buena vecindad, ¿los empresarios colombianos recibieron todo lo que les adeudaban? Y de cara a los diálogos de La Habana: ¿tendrá Maduro el mismo carisma y el mismo ascendiente que Chávez sobre la guerrilla para legitimar un posible acuerdo con las Farc ante la comunidad internacional? ¿Le está pasando factura el Gobierno colombiano al caprilismo por la promesa de su líder de evitar que Venezuela siga siendo refugio de las Farc?

En primera instancia, la estrategia de "hacernos pasito" parece razonable y entre nosotros, suele tener muchos adeptos. Los mismos que tienen como lema de vida que es mejor ser rico que pobre, o que oponerse a la paz es como oponerse a la belleza.

Sin embargo, con un régimen como el de Maduro, que ha llevado la ideología hasta el extremo de lo inverosímil y lo ridículo, se ha ido poniendo de presente la insuficiencia del enfoque pragmático. Dicho de otro modo: no existe una versión puramente pragmática de la política, pues los hechos involucran directa o indirectamente posiciones ideológicas, por lo cual, un enfoque absolutamente pragmático termina siendo contradictorio. 

Por ello fue insólito ver a Santos saludando, cual caudillo continental, a las masas que despedían a Chávez, y cargando en sus propios hombros el féretro del líder bolivariano. También desdice de nuestra tradición diplomática participar de la indignación regional con la remoción constitucional del Presidente Lugo en Paraguay, pero callando ante las manifiestas chambonadas institucionales que precedieron y sucedieron a la muerte de Chávez. Más aún: el Gobierno colombiano fue uno de los primeros en reconocer la legitimidad del nombramiento de Elías Jaua como Canciller. Consecuencias del pragmatismo, seguramente. Pero, ¿también serán los costos del apoyo a la negociación con las Farc?

Al enfoque pragmático de nuestra política hacia el país vecino se le pueden formular tres objeciones. Primero, la postura del Gobierno y la Cancillería colombiana ha sido incoherente, porque si Colombia quiere jugar algún papel regional de importancia no puede demostrar que sólo lo hace en tanto y en cuanto beneficie a sus mejores amigos. Esta asimetría le resta independencia y credibilidad. Perú y Chile, por ejemplo, han mantenido una actitud 'neutral' ante Miraflores. 

Segundo, el silencio o la complacencia ante las arbitrariedades de Caracas envía un mensaje político infortunado: no importa si para mantener una buena vecindad y un apoyo al proceso hay que sacrificar intereses de los colombianos. Además del cinismo que ello refleja, los Estados modernos se caracterizan precisamente por cuidar la vida y la seguridad de cada ciudadano. Israel es un ejemplo de ello.   

Si a lo anterior se agrega que según los últimos sondeos hoy habrá un final muy apretado, es un hecho que ante un triunfo de Henrique Capriles el Gobierno colombiano quedaría en fuera de lugar. 

De cualquier forma, sea cual sea el resultado, es el momento de hacer un balance de la excesiva 'habanización' de nuestra política exterior. 

*Iván Garzón Vallejo,  Director del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana. 

@igarzonvallejo
 

  • Iván Garzón Vallejo (*) | Elespectador.com

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Dom, 04/14/2013 - 19:41
Excelente articulo,no solo el columnista advierte lo que millones de colombianos pensamos de que con la CHUKYTRUFIA hace 3 años nos plegamos al CASTROCHAVISMO,ya somos una republiqueta mas, de los paises ALBAhuetas del narcoterrorpor eso hasta alias HIUEVODURO el payaso loco del fiscal habla de esa nueva Colombia ,la patria grande la nueva Colombia.
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26 Jul - 11:15 pm f

Rostros

Delante de mí, la persiana; después de la persiana, fantasmas: Robert Graves, Baudelaire, Sartre, Camus, Piaf, Storni, Woolf, Cortázar, Borges, Quiroga, y más y más fantasmas que no quieren traspasar la persiana que me obstino en dejar entreabierta. Cierro la ventana y se cierra el mundo, deseo hacer memoria de los rostros de los maestros del pensamiento occidental para reconocer en ellos la alegría de las que tanto nos ufanamos. Paso la página para buscar mejores rostros, más humanos y más sosegados pero, por el contrario, me encuentro con los rostros de Beckett, Artaud, Van Gogh, García Márquez, Castaneda, Carpentier, Rulfo: fantasmas que se evaden por regiones de ilusión, protagonistas de una obra que ha escrito alguien en medio de una vasta soledad. Tal vez si buscamos rostros en el fútbol: Pelé, Maradona, Batistuta, Higuita, Mondragón, Raffo, Goycochea. Más rostros pletóricos de tristezas por sus derrotas. Rostros que aluden al fútbol siempre en falta, con ganas de reír pero con la tristeza profunda de quien nace derrotado: el fútbol es el espacio de la celebración de la desesperanza porque la derrota le gana. Un instante de felicidad mientras se hace el gol, pero un eterno nubarrón porque se acabó el partido y hay derrota. Abro la persiana y el mundo permanece cerrado, una Copa América es un evento americano, pero a Lio Messi le obligan a ser algo más que un futbolista mundial; le exigen ganar siempre porque está en deuda pero, paradójicamente, lo ha ganado todo. ¿Todo? Wilde, Unamuno, Poe, Dostoievski, Maupassant, Balzac, Calderón de la Barca, Vargas Vila, Quevedo, Dante, Moliere, Sófocles, Van Gogh, Cioran y Heidegger. El rostro de Messi, después de la derrota ante Chile, representa el gran triunfo de la caída, el triunfo de quienes caen y ya no quieren renacer. Este rostro me recordó que somos frágiles y que la cacareada felicidad depende de detalles simples (un abrazo, una conquista con los afectos). El rostro de Messi, que se ha hecho viral, es el virus de la dignidad hecha trizas por el fútbol, es deporte en el que todo está en juego: el amor, la locura y la muerte. Messi está lejos de ser un dios y, por ello, no puede ser más: un ser humano con sus debilidades, amores e, incluso, con sus mudeces y rayones “No le pidamos peras al olmo”, las peras no meten goles y los olmos son olmos. El colmo. Es falible, como todos. Lo tiene todo y hoy está vacío. Me duele el rostro de Messi.

25 Jul - 9:00 pm

Un plebiscito cordial

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