Por: Tatiana Acevedo

Hablemos claro

Hay tensiones en el fútbol. Jugadores exhiben carteles pidiendo que se les tenga en cuenta en la preparación del proyecto que, sobre este deporte, prepara el Ministerio de Trabajo. Se sientan en silencio en la mitad de la cancha.

 Denuncian, entre muchas otras cosas, las listas negras para vetar “elementos problemáticos” (que exijan el cumplimiento en pagos, por ejemplo). Opiniones de Iván Mejía y Carlos Vélez, faros del periodismo deportivo nacional, resultan útiles para hacerse una idea del contexto en que se desarrolla la protesta.

Ambos, baquianos del micrófono, coinciden en tres sentencias. La primera, que los jugadores son ignorantes. En palabras de Mejía, “borreguitos... sin preparación y con pocos conocimientos”.

La segunda, que los futbolistas no tienen voluntad o iniciativa y están “infiltrados” por la Asociación de Futbolistas Profesionales y sus líderes. “Asociación plagada de bichos que no han podido ser erradicados y que tratan de manipular todo”, afirma Vélez. Mejía, por su parte, aprovecha la protesta (de 30 segundos) para dar lecciones de política nacional: “Es el estilo que se está imponiendo en el país, paros, manifestaciones, acciones vandálicas, violentas”. Concluye que, manipulados como burros, los jugadores entran en la dinámica de “los paros a la brava, las presiones indebidas, el estilito pugnaz y sucio”.

La tercera, que los jugadores que protestan (además de ser ignaros y títeres) son perezosos. “Incumplidos, vagos y poco serios”, “payasos”, dice Mejía. Vélez desconfía de ellos: “Estamos llenos de malos jugadores, limitados... esos son los que se quejan... a los buenos no les duele una muela”. E insinúa, finalmente, que quienes se movilizan por sus derechos son alcohólicos (“son los que se mantienen en galería chupando”).

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