Por: Daniel Pacheco

Hombres sin voz

La discusión sobre el rol de la mujer en la sociedad actual es un debate vibrante y vigente. Empresarias, líderes mundiales, y académicas están trenzadas en controversias sobre el futuro de la familia, los hijos, y en últimas, la supervivencia de la raza humana.

Curiosamente los hombres hemos sido convidados de piedra a está discusión, que está redibujando también nuestro papel en la sociedad.

Las mujeres son cada vez más educadas, más activas en la fuerza laboral, y tienen acceso a más posiciones de poder. Por supuesto, hay todavía trabas, prejuicios y dosis altas de discriminación, pero los avances son notables (en Colombia y el resto del mundo “occidental”) y la tendencia a hacia una mayor equidad de género es sostenida, y algunos incluso la llamarían vertiginosa.

No hace mucho el Génesis 3:16 era uno de los código fundamental de conducta femenina: “A la mujer Dios le dijo: Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará”.

Contra los designios divinos, finalmente entre los 60 y 70, la inyección epidural hizo milagros contra los dolores del parto. La píldora anticonceptiva le dio a las mujeres el dominio de cuándo y cuántos hijos tener, y el matrimonio civil (con el posterior desarrollo del divorcio express) acabó con la cadena perpetua del casamiento católico.

Muchas de las hijas de esta revolución son mujeres en promedio más educadas que los hombres, con ambiciones laborales, y una marcada conciencia de los costos de la maternidad.

Esta tensión entre el trabajo y la familia ha generado un debate álgido en Estados Unidos. Muchas feministas, en su mayoría académicas, sostiene que el sistema laboral requiere reformas estructurales a una cultura machista que desfavorece a las mujeres. Otras mujeres, como Sheryl Sandberg, la jefa de operaciones de Facebook, popularizó el argumento de que no es el mundo de los hombres lo que detiene a las mujeres, sino ellas mismas, por carecer de ambición de liderazgo.

Aquí sigue un debate muy interesante sobre la mujer y los hijos, la mujer y su cuerpo, la mujer y el trabajo, la mujer y la familia, la mujer y... Hace poco, notando la ausencia de voces masculinas (¿se dice “feministo”?) Stephen Marche escribió en The Atlantic que el dilema del trabajo y la familia no era un asunto de mujeres, sino de “la familia”, y en ese sentido también involucraba al hombre. Yo diría, yendo un poco más allá, que el surgimiento de las mujeres está redibujando también la masculinidad, sin que alrededor haya mayor discusión.

Porque también hay tensiones en el papel moderno del hombre. Por ejemplo ¿qué deberíamos intentar conservar del machismo? ¿Es todo discriminatorio? ¿Cuáles son los prejuicios que dificultan una mayor participación de los hombres en la familia? ¿Hasta dónde pueden los hombre incidir en las decisión reproductivas de las mujeres?

La invitación al masculinismo a este debate no es más que un llamado a la equidad de género.

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