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Arlene B. Tickner 28 Jun 2011 - 4:51 pm

Visión Global

¿Homofóbicos?

Arlene B. Tickner

Con la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo, Nueva York se convierte en el sexto estado de la unión (además de la capital) en reconocer las bodas gay en Estados Unidos.

Por: Arlene B. Tickner
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Desde la decisión de Holanda de hacerlo en 2001, la lucha mundial por los derechos civiles de la comunidad LGBT ha sido no menos que extraordinaria. En poco más de una década el matrimonio homosexual ha sido legalizado en 10 países (Holanda, Bélgica, España, Canadá, Suecia, Noruega, Sudáfrica, Portugal, Islandia y Argentina) y otros tantos Estados federales, entre ellos Ciudad de México, los derechos asociados al matrimonio han sido otorgados (total o parcialmente) en otros 21, y la adopción ha sido reconocida en 13. No menos importante, un número creciente ha implementado leyes para combatir la discriminación laboral basada en la orientación sexual así como los crímenes de odio.

El aumento en el número de candidatos LGBT que ganan elecciones populares constituye otro termómetro de las actitudes sociales frente a la homosexualidad. En Estados Unidos solamente, entre 2001 y 2009 el número de funcionarios abiertamente gay creció de aproximadamente 200 a alrededor de 445. Una tendencia similar se observa en otras partes del globo, especialmente Europa, en donde el alcalde de París se ha convertido en un símbolo emblemático de la lucha por la igualdad homosexual.

Pese a ello, no deja de ser alarmante la persistencia de la homofobia en el mundo, ni que los actores principales que la reproducen sean las comunidades religiosas, los Estados y las fuerzas armadas. Aun en casos en los que el matrimonio gay es legal, usualmente las instituciones religiosas son exentas de practicarlo. Algunas de ellas, sobre todo la Iglesia católica, no sólo se oponen sino que lo tildan de aberrante. En 76 países, concentrados en África, Asia Pacífico y Oriente Medio (aunque en las Américas hay 11), la homosexualidad todavía es ilegal, y en cinco de ellos (Irán, Arabia Saudita, Yemen, Mauritania y Sudán) es condenable con la pena de muerte.

Tanto en éstos, como en muchos otros, es prohibido que los homosexuales presten servicio en las fuerzas armadas, las cuales han sido los guardianes del significado social de “ser hombre”. A finales de 2010 el presidente Obama puso fin a la ambigua ley “no preguntar no decir”, con lo cual Estados Unidos ingresó a un pequeño grupo de países, incluyendo los miembros de la OTAN (excepto Rusia y Turquía), Sudáfrica, Brasil, Filipinas e Israel, que reconocen la participación militar homosexual. A pesar de distintos estudios, incluyendo el realizado por el Pentágono, que muestran que la presencia gay no ejerce impacto negativo ninguno sobre la moral, el reclutamiento ni la efectividad en el combate, la realidad sigue siendo que la mayoría de los estamentos militares discriminan a los LGBT.

¿Y en Colombia qué? Aunque el país ha adoptado leyes progresistas que reconocen los derechos homosexuales, del triunfo legal a la aceptación social hay un largo trecho, sobre todo por fuera de las grandes urbes. La creciente afirmación de la igualdad de la comunidad LGBT coexiste —aquí y en todo el mundo— con crímenes de odio que, según el Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU y Human Rights Watch, están en aumento. Con lo cual cabe preguntarse si en lugar de Homo sapiens la especie no es más bien homofóbica.

Esta columna dejará de publicarse hasta el 20 de julio por motivo de vacaciones.

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