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Piedad Bonnett 24 Ago 2013 - 11:00 pm

Huy, qué ruido

Piedad Bonnett

USTED ESTÁ EN UN CONSULTORIO médico. A su alrededor, esperando su turno, puede haber diez o veinte personas. Muy seguramente algunos niños que revolotean y de vez en cuando gritan. O a lo mejor no. A lo mejor, cada paciente —qué buen nombre— espera, silencioso, con su radiografía o sus exámenes en la mano, o sólo su dolor, su síntoma, muy seguramente su preocupación.

Por: Piedad Bonnett

¿Y qué se les ha ocurrido poner en esa sala, para entretener los nervios? Pues lo que ahora parece obvio: un televisor donde un presentador mañanero grita y un público aplaude, o una telenovela de media tarde donde un par de mujeres se pelean por un hombre, o un noticiero eterno, atravesado por todo tipo de comerciales. (¿Alguien ha visto alguna vez que en esos televisores se transmita, al menos, un concierto que transporte el espíritu?).

Es el mismo televisor que nos persigue por todas partes. El que está en las salas de los aeropuertos, incluidas las exclusivas VIP, a pesar de que en ellas el montón de ejecutivos que le sacan partido a su tiempo de entrevuelos trabajando en sus computadores añorarían un poco de silencio. Mientras ellos tratan de sumergirse en sus páginas de Excel o en sus documentos, mientras algún excéntrico abre un libro o lee en su Kindle, una animadora muy entusiasta puede estar dando instrucciones a todo pulmón en un patético programa de concurso, como me tocó ver no hace mucho. En la cafetería, en el restaurante, en la tienda, en la peluquería, en todo lugar que pisemos, hay un televisor encendido. Todo el mundo lo mira, como alelado, quiera o no quiera. Si tiene volumen, éste entorpecerá cualquier conversación o cualquier ensoñación o cualquier lectura. Si no tiene, que extrañamente también sucede, el obligado televidente tratará inútilmente de descifrar qué pasa, en situación que linda con el absurdo.

Ruido, ruido, ruido. Toma usted un taxi, y muy seguramente tendrá que aguantar la canción de turno, casi seguramente un vallenato, entremezclado con la voz automática y vertiginosa de la operadora. O a los comentaristas de la radio hablando de todo lo que se les viene a la cabeza y riéndose como si estuvieran en la sala de la casa. Y ni se diga lo que sucede con los celulares: el avión no ha terminado de aterrizar cuando ya hay cuatro o cinco personas hablando a grito herido y dando cuenta de negocios, planes inmediatos o manifestando afectos sin el más mínimo pudor. Y no se traslade usted a cualquier municipio: en casi todos encontrará megáfonos por los que el cura invita a misa y carros que transitan con música a todo volumen y locales que no tienen problema en hacer partícipe de la rumba a todo el vecindario.

Vivimos, tristemente, inmersos en un eterno parloteo, el mismo que se ha apoderado de las redes, exhibicionistas y faranduleras. En una sociedad que parece temerle al silencio, que no lo cuida, no lo regula, no lo respeta. Cuando hay tanto ruido ya nada se puede oír, pero sobre todo, ya no nos podemos oír a nosotros mismos. Ni reconocer lo fecundo de la soledad, “esa gran talladora del espíritu”, como la llamó García Lorca.

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jua_perez

Dom, 08/25/2013 - 21:16
Querida Piedad, te falto los templos evangélicos con sus altoparlantes a grito pelado, cantando como posesos las bienaveturanzas del paraíso, ojalá una de ellas sea el silencio.
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suesse

Dom, 08/25/2013 - 17:05
Otro imposible categórico de nuestro pueblo, el silencio. Para muchos, es sinónimo de aburrimiento, soledad, falta de vida...para nadie es cuestión de preguntarse siquiera el porqué, o si eso es saludable, fisica y sicológicamente hablando. Mucho menos, y en el campo del irrespeto por los demás que es el pan nuestro de cada dia, alguien se pregunte si el ruido propio molestará al vecino de casa, trabajo, puesto, al paciente, al cliente, al pasajero....al comensal. Ruido, como muestra adiconal de "yo puedo más que usted",....
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Ramiro Madrid Benítez

Dom, 08/25/2013 - 16:36
Piedad, un reconocido centro comercial de Manizales tiene una de las vistas más lindas del mundo. Cuando usted lo conoce sueña con tomarse un café o una cerveza, con la mirada puesta en tan primorosas montañas.Pero no, el ruido lo impide. El centro de Cali está tomado por el ruido de los vendedores de aguacates, que llaman altisonamente el rey del sancocho, lo cual estaría bien si lo dijeran coloquialmente al cliente.Las peleas domésticas por celular son otro capítulo del irrespeto que nos corroe. Pero la llamada dirigencia sólo piensa en anchar sus ganancias, no en fomentar las buenas maneras.
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Marmota Perezosa

Dom, 08/25/2013 - 15:41
Nos faltaron las emisoras que desde la madrugada muelen noticias sangrientas y opiniones insulsas como los Julitos , Casas , W , Blu y demás babosos...........Llamémos nuestro tiempo , como en la Colonia , el Tiempo del Ruido
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Hollando

Dom, 08/25/2013 - 15:36
La gente se puede quejar del ruido, pero la nacion Colombia en su mayoria es ruidosa, desafortunadamente el culto a la tranquilidad, solo ve en las tardes lluviosas.
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despierta

Dom, 08/25/2013 - 14:23
Hemos construido la cultura del ruido y el parloteo que nos ha invadido, nos intimida y hostiga y es defendida o permitida por la gran mayoría. Viva el silencio .
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Majito Diago

Dom, 08/25/2013 - 12:41
El problema es que el 95% de la población es mal educada y lo peor, no quieren ni por poquito salir de su ignorancia y aprender a convivir y a respetar a los demás. Y cuando toca con quien tiene plata, ahí si sálvese quien pueda y si es mal habida, peor. Calculo que en unos 100 años habremos erradicado el 50% de es te problema, si acaso.
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Marmota Perezosa

Dom, 08/25/2013 - 12:39
Muy oportuno............Casi imposible encontrar un restaurante o cafetería donde ud pueda almorzar en paz , sin noticias de violencia.............Además de las voces , a veces exageradas , de los asistentes..........Le faltó el ruido en la calle de altavoces de comercios y vendedores ambulantes..........Y discotecas y bares que destruyen los oídos de clientes y , peor , de sus empleados...............Para qué servirán Ministerios y secretarías de Ambiente ??????????????????'
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espelasso

Dom, 08/25/2013 - 11:53
El silencio se acabó desde que prohibieron el aborto...
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digoall

Dom, 08/25/2013 - 10:55
Respecto a los restaurantes (sobre todo los populares), ese es el primer motivo por el que jamás como en un restaurante que tengan televisor. El segundo, por supuesto, la comida hecha sin el menor cariño, sin el menor cuidado e higiene.
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digoall

Dom, 08/25/2013 - 10:52
Gracias por esta columna, Piedad. Es todo cierto. El ruido genera violencia, o ¡cuántas veces no me he encontrado deseándole al pregonero de la compra de chatarra que le pase un camión por encima, que alguien pase y lo mate!
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sofia fuentes

Dom, 08/25/2013 - 09:02
Es la falta de respeto por el otro. Yo no entiendo por qué la gente siempre quiere imponer sus gustos a los demás. Si tanto les complace alguna clase de música no tienen por qué obligarnos a los demás a escucharla, si prefieren algún alimento o forma de ingerirlo, pues háganlo, pero sin obligar a los demás a consumirlos. Lo mismo con el aborto y las relaciones amorosas. Siempre quieren imponer su estilo, sus gustos, sus preferencias, en ese ámbito de intimidad y libertad individual, que sin dañar a los demás tenemos derecho todos.
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pensador

Dom, 08/25/2013 - 06:50
lo del tv, es teniendo en cuenta el muy buen gusto del guachimán y/o señora de servicios generales.
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