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Diego Aristizábal 3 Mar 2013 - 11:00 pm

Igualdad y respeto

Diego Aristizábal

En un país como Colombia muchos nos preguntamos a diario cómo y de qué manera podemos ayudar.

Por: Diego Aristizábal
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    http://www.elespectador.com/opinion/igualdad-y-respeto-columna-408048
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Sin necesidad de salir de casa las necesidades del otro nos atormentan ya sea porque prendemos el televisor y la desigualdad aflora en las imágenes de los noticieros o porque desde cómodos apartamentos nuestra mirada puede toparse con un barrio que carece de muchísimas cosas. Si recorremos las calles las necesidades del otro nos conmueven y por eso, a través de un supuesto gesto bondadoso, sale del bolsillo una moneda, un billete, una sobra de almuerzo cargado de un silencioso: “pobrecito”. La acción termina.

El asunto es que si queremos hacer algo para resolver este problema tenemos que tomarnos en serio el tema de la desigualdad. Recientemente se presentó el informe sobre “Cultura política de la democracia en Colombia y en las Américas, 2012: hacia la igualdad de las oportunidades”. En este estudio se afirma que persisten importantes diferencias en las oportunidades y en los recursos disponibles para ciudadanos dependiendo de sus características. Es así como se evidencia que el logro educativo está asociado con el área de residencia y el color de piel. Quienes tienen piel más oscura y viven en áreas rurales tienden a reportar un número inferior de años de educación aprobados que aquellos que tienen la tez más clara o viven en los cascos urbanos, respectivamente. De igual forma, hay una fuerte relación entre el nivel educativo de los padres y aquel alcanzado por sus hijos.

Aquí cabría recordar a Richard Sennett cuando se pregunta en su libro El respeto: “¿Cómo tratar a los demás con respeto cuando el contacto con ellos se produce en circunstancias tan desiguales?” En pleno siglo XXI esto resulta aterrador y por lo visto el esfuerzo de países como Colombia en este asunto aun es incipiente. Hablamos de igualdad de oportunidades pero en el fondo todos sabemos que es falso. Los mismos indicadores muestran muy bien lo difícil que resulta superar ciertas brechas.

No podemos hablar de igualdad de oportunidades cuando no todos pueden acceder a educación de calidad y esto empieza a marcar una larguísima lista de cosas que en la vida real son determinantes. A veces incluso, después de superar ciertos obstáculos, las cosas no resultan fáciles. Sé de organizaciones que dentro de sus macabras y secretas políticas jamás contratarán a un egresado de una universidad pública. No respetan el esfuerzo que alguien hizo para salir adelante y romper, en muchos casos, con su pasado familiar o con el estigma de su barrio.

La desigualdad, en un país como el nuestro que pregona la igualdad, también se evidencia en la fila de un banco que divide a sus clientes en “preferenciales” y en “general”; se ve en un trámite que se hace más rápido o no dependiendo de quién lo referencie; se ve en los malintencionados avisos que dicen: “Nos reservamos el derecho de admisión”; se ve en cada gesto que produce desconfianza en el otro.

Esta sociedad se ha encargado de no ver al otro en su condición principal de ser humano y esto ha dado como resultado la ausencia de respeto. En Colombia muchos empleadores todavía creen que cuando contratan a alguien le hacen un favor porque “¿no ve el montón de hojas de vida que hay sobre mi escritorio?, agradézcame que lo contrato a usted”, dicen mientras se sienten “generosos” cuando en el fondo hay una profunda soberbia que elimina el respeto por el otro y su conocimiento. “Hay una gran diferencia entre desear actuar bien con los demás y hacerlo realmente”, dice Sennett.

Las necesidades del otro se deben tomar en serio; no es suficiente una moneda o un gesto caritativo a fin de año. “En la vida social, lo mismo que en el arte, la reciprocidad requiere trabajo expresivo”, afirma Sennett, y es clarísimo que nuestros esfuerzos apenas alcanzan, momentáneamente, para dejar tranquila nuestra conciencia mientras cómodamente no queremos entender que “la desigualdad social complica la experiencia del respeto”, y sin respeto el otro carece de valor.

desdeelcuarto@gmail.com / @d_aristizabal

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manamuisca

Mie, 03/06/2013 - 20:48
hablar de igualdad en el pais mas inequitativo es un despropósito,pero el cvololumnista ha debido disertar acaerca del sentido de igualdad y el sentido de respeto, la primera de caracter objetivo, mensurable y medio para garantizar la justicia, la politica; la segunda de caracter subjetivo con fines de armonia social, hay paises orientales e inclusive tribales que dan mayor valor al respeto que a la igualdad, en cambio aca somos cual CAMBALACHE igualados,una cosa es la reivindicacion social y politica de igualdad y justicia, otra es esa competencia ciudadana y personal de respetar no sólo al otros sino lo otro, da sentido y diferencuiaa lo publico de lo privado, hay varios tipos de respeto segun tipo de autoridad,al autoritario,reverencia, al permisivo burla, al democratico respeto recipr
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Boyancio

Mar, 03/05/2013 - 08:33
Esas conclusiones, de desiguadad, es cuento viejo y bien echado. Ya en el pasado un obrero lo dijo en Guayabero, otro en Cimitarra, y por eso el coronel Buendía emprendió veinte guerras, y Navarro tambien, ni paqué les digo que este momento de paros y carreteras, de diálogos en La Habana, no se atreven a pedir autonomía regional porque siguen creyendo en la patria grande; si no es cuestión de tamaño, ¡ No joda!.. es cuestión de calidad de vida, así sea en una baldoza, como bailando un bolero a lo bien apretado....¡ayyyy!
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opinadorbog

Lun, 03/04/2013 - 22:32
Si, pero no... De acuerdo con lo de la desigualdad de oportunidades, pero no lo lleve al extremo. Lo de "nos reservamos el derecho de admisión" existe para que gente "indeseable" no ingrese a lugares donde molestarían a los demás: ¿Querría usted ver a un borracho vomitar en un supermercado?. Lo de las filas preferenciales de los bancos también tiene sentido, porque si yo tengo cuenta en ese banco, ¿porqué debería esperar a que el mensajero con 200 trámites pase primero? Y finalmente lo del "favor" de dejarlo trabajar... Pues la verdad, salvo que usted sea una persona con una preparación altísima (Einstein), la empresa le está haciendo la concesión de distinguirlo a usted sobre otro grupo de aspirantes al contratarlo. Es una relación mutuamente beneficiosa, ellos le pagan y usted trabaja...
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Cosmos60

Lun, 03/04/2013 - 15:07
En el mes de enero fui al Club El Rodeo en Medellin con un amigo de Canada que queria Jugar Golf: la gerente nos dijo que mi amigo podia usar las instalaciones pagando $800.000.oo al mes, pero con la condición de que yo no asistiera al club con él. Eso me pasó en el país que supuestamente debo amar y defender por ser el mio.
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opinadorbog

Lun, 03/04/2013 - 22:40
Pues hombre, ese dicho de que "aunque la mona se vista de seda..." Es falso... Si usted se fue de jeans, barba de tres días, camiseta de su equipo favorito y pelo pegado por la falta de baño, no lo van a recibir en un sitio exclusivo... Pero al contrario, si se hubiera ido de saco y corbata, aparentando clase, con seguridad le hubieran explicado las condiciones para dejarlo entrar. Estoy seguro que el hecho que su amigo canadiense con muy buena probabilidad sea un tipo blanco, rubio y ojiazul lo ayudó bastante para que lo aceptaran... Y eso obviamente es racismo... Pero recuerde usted que tipos como Sarmiento Angulo son tan mestizos y morenitos como casi todos los demás colombianos, y a ese lo dejan entrar en cualquier parte...
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UnNuevoPais

Lun, 03/04/2013 - 11:13
Decía no hace mucho una ministra Española no podemos con una mano darle de comer a Africa y con la otra quitarselo. Igual ocurre en Colombia y en los paises empobrecidos el mundo. Y mientras la clase política Colombiana no sea representativa de una mayoría legitima no cambiaremos. Muchos entendemos la problemática pero somos incapaces de actuar. La maquinaria que ha montado en 150 años la clase opulenta para subyugar solo se vulnera con la iniciativa de nuevos lideres que pareciera estan dormidos o muertos de miedo.
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o.fabian

Lun, 03/04/2013 - 13:38
Cuenta el número de Representantes en la Cámara, 166, y compara con el número de ellos en otros paises, y mas aun, como se seleccionan (por constituyente electoral unica en el RU y en los EUA). No hay respeto sin poder, y en democracias el poder está en el nivel de comunicación del votante individual con su (en singular) representante.
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Contradictor

Lun, 03/04/2013 - 10:18
La mayoría de Colombianos da limosna pero ataca las Leyes que promueven la igualdad.-
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