La imagen del presidente

Los resultados de la reciente encuesta de Datexco se prestan para toda clase de comentarios, muchos de ellos mostrados con interés de parte, como sucede en política. En el fondo no se diferencia tanto de las anteriores ni ha empezado en forma la campaña presidencial.

No constituye una novedad que el 57% de los encuestados manifestara que no votaría por Santos en caso de lanzar su candidatura a la reelección. En una encuesta de Gallup, en agosto pasado, el 51% se manifestaba en desacuerdo. Otro tanto ocurre con la favorabilidad de su imagen: mientras que ahora tiene un 47,3%, en agosto mostraba un 51%, luego de subir desde un 48%. Es decir, se mantiene.

Pero las encuestas, a la vez que escrutan a la opinión en un momento determinado, también ayudan a crearla. Por ejemplo, no es lo mismo preguntar por la imagen del presidente o sus posibilidades de reelección entre la población en general, que hacerlo entre los votantes habituales o entre quienes piensan votar en 2014. Nadie debe olvidar que los niveles de participación en Colombia son cercanos al 50% y Santos fue elegido por el casi 70% de los votantes, cifra que apenas representaba el 30% del potencial de sufragantes en unas elecciones en que la participación fue del 44%. Si en este momento del total de la población el 30% responde que lo reelegiría, su continuidad estaría garantizada.

Hechas estas salvedades, conviene afirmar que la imagen presidencial ha estado atada al desempeño de su gobierno. Vale recordar la caída luego del fracaso de las reformas a la educación y a la justicia y su mejora al anunciar los diálogos de paz. Como ocurre a todos los gobiernos, el actual es “premiado” al asumir iniciativas que encuentran sustento popular y “castigado” cuando no lo hace o el escenario de su acción transcurre dentro de la “normalidad”, permitiéndole ser “sorprendido” por los hechos de dentro o de fuera.

Por eso conviene identificar que la distancia entre percepción y realidad es apenas sutil y que, dependiendo de las circunstancias, se desplaza en una u otra dirección. Allí es donde se ubica la importancia de la estrategia de comunicaciones del Gobierno que, si la ha tenido, no se ha notado. No parece que la solución de los problemas de imagen de un presidente y su gobierno dependa solo de la sapiencia o incapacidad de un renunciado asesor presidencial, mientras que los ministros marchan cada cual por su lado. Aunque se trate de un gobierno de coalición, el mensaje es disperso.

Lo que sí revela, como novedad, esta última encuesta son los cambios en la agenda que son más o menos importantes para la opinión y, por lo que se ve, el tema de la paz pierde peso: el 52% desaprueba el manejo de los diálogos, el 67% no confía en su éxito y un 76% no cree en las Farc.

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