Por: Jorge Iván Cuervo R.

La imposición de una moral

A propósito de la adopción igualitaria rechazada por la Corte Constitucional para los hijos no biológicos, con la intervención de una magistrada encargada y un conjuez, me ha llamado la atención el argumento, según el cual, los gais quieren imponer un modelo de sociedad, y el fallo reflejaría a esa mayoría de colombianos católicos que no permitiría una anomalía de esa naturaleza.

 La Corte reiteró lo que ya había dicho en un fallo anterior (Sentencia SU -617 de 2014), que “las parejas del mismo sexo solo pueden adoptar cuando la solicitud recaiga en el hijo biológico de su compañero o compañera permanente”, tal y como se leyó en el exótico trino por el cual se comunicó la decisión, y reafirmando lo dicho en la sentencia C -577 de 2011 que acepta que la unión estable de personas del mismo sexo constituyen una familia, si bien se advierte que esto “no implica una extensión automática y uniforme para todos los efectos legales y mucho menos para la adopción”.

La Corte entonces considera que una persona sola, si cumple los requisitos de ley, puede adoptar sin ser padre biológico, y la orientación sexual es irrelevante, como lo estableció en el caso Chandler Burr (Sentencia T -276 de 2012); que dos personas del mismo sexo pueden adoptar, si uno o una de ellas es el padre biológico, pero no aceptó la adopción por parte de parejas del mismo sexo, sin explicar por qué en los dos primeros casos no se afecta sicológicamente el menor, y sí en el tercer caso, una contradicción insalvable que esperamos explique en el fallo definitivo.

Alrededor de este tema hay varias falacias y prejuicios. Una primera falacia es que luego de aprobarse la adopción, al otro día cientos de parejas gais, estarían en las afueras del ICBF pidiendo adopciones, y que se les entregaría menores sin los requisitos que exige la ley 1098 de 2006, esto es, la garantía de idoneidad física, mental, moral y social suficiente para suministrar una familia adecuada y estable al niño, niña o adolescente.

Otro argumento que denota el prejuicio homofóbico de los detractores de la adopción igualitaria, radica en que puede haber riesgo de que un niño o niña criado por gais o lesbianas “salga” gay o lesbiana. No solamente no presentaron ninguna evidencia creíble sobre el particular, desconociendo serios estudios que indican lo contrario, sino que si en gracia de la discusión esto fuera así, es decir, que los hijos criados por gais y lesbianas salieran gais y/o lesbianas, esto no debería ser considerado un problema, porque ya está aceptado que ni constituye una enfermedad ni una condición que deba ser discriminada por ley. Además el argumento se contradice con el hecho, según el cual, si la orientación sexual de los padres determina la de los hijos, cómo explicar entonces la cantidad de personas gais y lesbianas criados en familias heterosexuales. (Lea: What We Know—Really—About Lesbian and Gay Parenting)

La lucha por la igualdad ante la ley no es fácil en el contexto de una sociedad desigual y con muchos prejuicios instalados en la cultura, algunos de los cuales están reforzados por las doctrinas religiosas, como lo pudimos ver en el caso de la senadora evangélica Vivian Morales, elegida de manera impropia por el partido liberal.
Quienes se oponen a la adopción igualitaria dicen que el país no está preparado para eso. Lo mismo se dijo respecto de la igualdad de género cuando se aprobó el voto para la mujer en Colombia hace 58 años.

@cuervoji

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