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Iván Mejía Álvarez 17 Feb 2013 - 9:00 pm

Hablemos claro

Impunidad

Iván Mejía Álvarez

Arrancó la Copa Libertadores de 2013 y todavía hay equipos y jugadores pendientes de castigo por lo que hicieron durante 2012, situación que habla muy mal de la Confederación Suramericana de Fútbol, siempre parcializada a favor de las naciones del sur del continente.

Por: Iván Mejía Álvarez
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Elano, jugador del Gremio de Porto Alegre, golpeó a un asistente, tuvo enfrentamientos con la Policía colombiana durante el lance de Copa Sudamericana, fue protagonista de un bochornoso incidente y no ha recibido una adecuada sanción.

El partido final en Morumbí entre São Paulo y Tigre de Argentina, concluyó a los 45 minutos cuando el equipo argentino consideró que no había medidas de seguridad de la dirigencia paulista para su salida al campo en el segundo período y se negó a terminar el encuentro. Fue un espectáculo denigrante para el fútbol de este continente, un equipo, el argentino relatando hechos violentos, amenazas, golpe e insultos, incluidos lances con la policía local, y otro, el brasileño sin presentar la más mínima muestra de deportivismo.

Tampoco se sabe de sanciones ejemplarizantes para São Paulo por lo que dejaron de hacer en la vigilancia del espectáculo y para Tigre por no salir al campo para terminar el partido, nada menos que la final de un campeonato, al que llaman “la otra mitad de la gloria”.

Los dos hechos, más otros que se quedan perdidos en la memoria, hablan de una justicia inoperante, de una lentitud absurda, de prebendas hacia jugadores y equipos de los países mandamases de la Confederación. Para ellos no hay la celeridad, la dureza, la aplicación estricta de las normas, para ellos hay una conducta laxa que raya con la impunidad.

Pero eso también pasa en Colombia. Sorprende y aterra que el tribunal correspondiente no haya encontrado mérito para castigar la torpeza, grosería e irrespeto hacia los protagonistas del espectáculo, los jugadores de fútbol, por parte de un dirigente de apellido Salazar, ya famoso por sus salidas destempladas y sus actos en estadios y hoteles del país.

No encontraron mérito, Salazar puede seguir matoneando a los futbolistas, llamándolos “prostitutas”. Y pensar que ese dirigente fue hasta hace poco jugador de fútbol, lo cual quiere decir que él también era, según su léxico, una “prosti” cuando militaba con tan poco éxito en el balompié rentado. Con dos pesitos en los bolsillos dejó de ser eso para ser hoy el que las contrata, vaya... vaya.

La Conmebol y la Dimayor, un cántico a la impunidad, una falta de respeto al cumplimiento de los códigos, cobijados por el mismo deseo de tapar el sol con las manos. Que mal que andamos…

  • Iván Mejía Álvarez | Elespectador.com

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