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Rafael Orduz 19 Nov 2012 - 11:00 pm

La innovación en mula

Rafael Orduz

Somos lo que exportamos. Tal cual nos identifican afuera. También somos un país que crece, con un mercado interesante que atrae inversión (la trigésima economía del mundo por su tamaño) y, a la vez, un colectivo en el que no invertimos mayor cosa en la calidad de la educación ni en rubros como investigación y desarrollo.

Por: Rafael Orduz

Algunos servidores públicos han mostrado su regocijo por el aumento de las exportaciones de bienes. Como se sabe, ascendieron a cerca de US$30 mil millones entre enero y junio de 2012. Entre petróleo, carbón, níquel, oro, café, flores y banano está el 81% del valor total. Sólo petróleo y sus derivados representan el 53% del total.

Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, no más del 2% de las manufacturas colombianas exportadas pueden clasificarse de alta tecnología.

Es probable que, de haber algún consenso a la hora de elegir una marca que represente a Colombia, extranjeros y nacionales opten por la de Juan Valdez. De hecho, en la red social Facebook es la primera marca en Colombia (1,2 millones de “me gusta”), seguida de Old Parr y Totto. (Starbucks, su competencia, cuenta con 32,8 millones de seguidores en Facebook y una de sus marcas, Starbucks Frapuccino, con 10,3 millones).

Más allá de las redes sociales, también habría acuerdo en qué marcas representan, por ejemplo a Corea, Japón, Alemania o Estados Unidos, sin duda asociadas con complejos productos y servicios: Samsung, Sony, Siemens, Apple…

Sin demeritar las tiendas Juan Valdez, el símbolo es adecuado: un señor de bigote, con ruana, acompañado de una mula (que, cuando sale la foto, lleva dos sacos de café). Es el mismo de hace 54 años. No tiene nada de malo contar con una marca tradicional. De hecho, Coca Cola es la primera del mundo. Lo trágico es que no haya nuevas que representen nuevas realidades de la tecnología y de aplicación del conocimiento. Triste, también, la realidad de los cafeteros criollos, agobiados por los precios y la revaluación.

Lo que hay detrás son realidades ineludibles. El quintil más pobre de la población colombiana cuenta con seis años de escolaridad y el más rico, con diez (en promedio 7,7 años). El contraste con Corea es claro: 11,9 años de escolaridad por habitante. Los gastos en investigación y desarrollo en Colombia son el 0,16% del PIB y en Corea del 3,8%. Mientras en Corea hay 133.000 solicitudes de patentes de parte de residentes, en Colombia son 133 (2010).

Por fortuna, hay hechos que podrían marcar la senda futura. Para mencionar algunos pocos, Colombia exporta algunos servicios médicos especializados (oftalmología, intervenciones de corazón abierto, cirugía estética); algunos productos biotecnológicos desarrollados en colaboración empresa-universidad. Hay universidades, como la Eafit, que tienen la visión de articular una orquesta sinfónica con proyectos de animación digital y que promueven empresas innovadoras.

Colombia debe apuntarle a ser reconocida por innovadora. Si no es así, seguiremos a paso de mula.

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