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Felipe Zuleta Lleras 20 Abr 2013 - 11:00 pm

La intransigencia

Felipe Zuleta Lleras

Qué lamentable resulta, por decir lo menos, todo lo que pasó esta semana en torno al debate en el Senado del proyecto de ley que pretende regularizar la unión de parejas del mismo sexo, promovido por el senador Armando Benedetti.

Por: Felipe Zuleta Lleras
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Algunos ciudadanos literalmente agarraron a patadas a un grupo de personas pertenecientes a la comunidad LGTBI que esperaban en la Plaza de Bolívar el resultado de un debate, que se frustró porque no iba a ser transmitido por televisión. Ese debate deberá realizarse este martes venidero y, la verdad, soy bastante pesimista sobre lo va que va a pasar. Este tema polariza tremendamente a la sociedad colombiana, pues en una encuesta publicada recientemente el 68% de la población se manifiesta en contra. Lo sorprendente es que los senadores tomen sus decisiones con base en esa cifra, olvidando dolosamente que Colombia puede tener fácilmente cuatro millones de personas pertenecientes a esa comunidad. Vale la pena preguntarse por qué y cómo se afectan los heterosexuales porque haya parejas del mismo sexo que simplemente buscan estar en condiciones de igualdad ante la ley. ¿Qué implicaciones podría tener para mi vecino y el suyo que una pareja de hombres o mujeres convivan en armonía como cualquier otra familia? De hecho, cientos de miles de personas del mismo sexo ya cohabitan sin que por ello se les pueda discriminar.

Que si es un contrato formal o simplemente se usa la palabra matrimonio para denominar un contrato que se define como la unión entre un hombre y una mujer, es asunto que ya superó Colombia mediante una sentencia de la Corte Constitucional que le ordenó al Congreso legislar sobre el tema antes del 20 de junio.

De no hacerlo, como pretende el proyecto de ley, los que se verán ahogados serán los notarios del país, pues a ellos acudirán las parejas que se quieren casar. Es decir, unirse en matrimonio. Ya el doctor Álvaro Rojas, presidente de los notarios, ha dicho que seguramente muchos notarios utilizarán la palabra y otros no lo harán. Lo cierto es que se podrán venir miles de tutelas en contra de los notarios que simplemente celebren esa unión como un contrato solemne, dejando de lado la utilización de la palabra matrimonio. Que los efectos civiles y los derechos y obligaciones son los mismos, no hay duda. Pero entonces el temor es que esas parejas se vuelvan familia, asunto que también ya despejó la Corte al decir que esas uniones entre personas del mismo sexo constituyen familias. El temor real viene dado entonces en si éstas pueden o no adoptar. Pues ese tema no está en discusión ni hace parte del proyecto de Benedetti. Pero personajes como el procurador y su delegada para la infancia, Ilva Myriam Hoyos, presionan aun sentándose ella indebidamente en una curul.

No acabo de entender cómo personas inteligentes como ellos pueden ser tan intransigentes en un asunto que sólo les concierne a las parejas. ¿Acaso no somos todos hijos de Dios?

@FZuletalleras

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