Por: Felipe Zuleta Lleras

Lo invito a bailar un porro, sr. procurador

Apreciado Sr. Procurador:

Ciertamente ya no soy de los periodistas que se fuma un porro o se mete un pase para escribir sus columnas, o acudir puntual y tempranamente entre semana a trabajar en Blu Radio. No matoneo, como a usted le consta, pues esa forma de violencia, como cualquier forma, debe ser rechazada como todas las formas de agresión que no caben ni en los mandatos de Dios, que usted bien conoce, ni dentro del ordenamiento jurídico que usted estudió en sus épocas de juventud.

Por eso me sorprende, estimado procurador, que usted esta semana haya dicho en el Congreso, cuando se opuso a los matrimonios de parejas del mismo sexo, que es víctima del matoneo por parte de algunos periodistas que se fuman sus porros y sus pases (refiriéndose a que son consumidores de cocaína).

Le confieso, sr. procurador, que de joven me fumé muchos porros y, como lo he contado muchas veces, envolvíamos la marihuana, para armar los cachos, en las páginas de una Biblia que me regaló en mi primera comunión mi devota y católica abuela paterna. Dejé de hacerlo cuando el Pentateuco me empezó a hacer daño, por lo que mis andanzas con los porros se quedaron en el Antiguo Testamento. Por eso hoy puedo contarle que ya no lo hago, no por razones ideológicas, sino por razones prácticas, pues la marihuana, mezclada con las sagradas escrituras, me hacía realmente daño.

No por eso se me ocurrió jamás ejercer alguna forma de violencia, como la que de manera elegante y hasta divertida ejerce su señoría en contra de la comunidad LGBTI al creer que sus miembros somos ciudadanos de segunda clase y a quienes Dios también considera como sus hijos, pues todos los que en Él creemos, tenemos ese gozo.

Entiendo, estimado procurador, que le molesten algunas críticas, no todas justas, pero recuerde usted que eso hace parte de los gajes del oficio de los funcionarios públicos o de quienes de alguna manera estamos expuestos a la opinión pública.

He tenido el gusto de visitarlo en su casa un par de veces y de ser dichoso beneficiario de las atenciones de su maravillosa esposa Beatriz y de sus adoradas hijas. Una familia ejemplar en donde se nota el amor y el buen trato. Y créame, estimado procurador, que crecí en una familia similar, no creyente. Había problemas que se solucionaban de manera civilizada. Y tal vez tiene de particular, como una gran cantidad de familias colombianas, de contar con varios gays y lesbianas entre sus miembros. No por ello hubo jamás una frase destemplada o una agresión irreparable. Ninguno escogió esa preferencia sexual. ¿Cómo va a ser fácil ser una minoría discriminada, y humillada?

Por eso los homosexuales ven en usted a un enemigo, que seguramente estaría actuando diferente si unos de sus hijos pertenecieran a la comunidad LGBTI, pues estoy seguro, viéndolo en el seno de su hogar, que usted y su amorosa esposa jamás lo discriminarían. Por eso, sr. procurador, medite y más bien lo invito a que nos bailemos un porro.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Felipe Zuleta Lleras