Por: Aura Lucía Mera

Ira santa

Tienen toda la razón los habitantes de Buenaventura en salir a las calles a manifestar su descontento. Son décadas y décadas de mentiras. Están hartos, se rebozó la copa. Buenaventura ha sido una especie de cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones, que no son sus habitantes, sino los gobiernos centrales y sus roscas políticas que se la han feriado como les ha dado la gana, les han mentido, les han prometido cosas que jamás cumplen y los han exprimido hasta la última gota.

El puerto no es solo un municipio del Valle del Cauca. Buenaventura es responsabilidad de todos los departamentos de Colombia que se benefician de las exportaciones e importaciones que llevan y traen mercancía para todo el país. Sucesivos gobernadores han hecho lo posible para mejorar empleo, educación y vivienda, pero pueden hacer más. No les puede caer todo el peso de la responsabilidad de sacar este municipio adelante. Me consta el interés y dedicacion del exgobernador del Valle Ubeimar Delgado, y de la dedicación de la actual mandataria, Dilian Francisca Toro.

Pero la podredumbre viene de muchos años atrás. La elección popular de alcaldes logró que este municipio cayera en el hoyo más profundo de corrupción y politiquería. Alcahueteados por los gobiernos centrales, empresarios inescrupulosos y desgobierno total.

Recuerdo varias visitas presidenciales. Honores, almuerzos opíparos, discursos promeseros, recorrido por las calles recién barridas, apretones de mano, sonrisas, aviones privados, escoltas. Recuerdos que se remontan a muchos años, a muchas presidencias. Desde el Frente Nacional hasta nuestros días. Las mismas promesas, las mismas mentiras mientras crece la audiencia, la pobreza, el desempleo, la falta de salud, de oportunidades, la droga, la delincuencia, los abusos sexuales, el caos, la corrupción.

Buenaventura, esa bahía majestuosa arropada de manglares, habitada por gente buena, alegre, llena de tradiciones y riquezas ancestrales, gastronómicas, culturales. Pareciera ser víctima de una maldición, tal vez por su misma belleza natural, y se ha convertido poco a poco, pero inexorablemente, en botín de mafias, bandas criminales, nacotraficantes, funcionarios corruptos, desplazados, víctimas de esta guerra fratricida que algunos no quieren terminar. Ante la indiferencia nacional...

Este problema no se resuelve con gases lacrimógenos ni represión. Claro que Buenaventura es una olla de presión, fabricada por todos los departamentos de Colombia durante años, que jamás se han dado por aludidos que esta ciudad es responsabilidad de todos. No más mentiras. No más represión. Buenaventura es prioridad de todos los colombianos.

Llegó la hora de que los vallecaucanos, empresarios, empleados, estudiantes, docentes, amas de casa, todos nos solidaricemos con nuestros hermanos de Buenaventura. Su protesta es justa. Es ira santa. No más promesas falsas. No más centralismo. Creo que la gobernadora tiene que exigirle al Gobierno central atención prioritaria para los habitantes de este municipio que merece unas condiciones de vida digna, educación, salud, vivienda y trabajo.

Buenaventura es Colombia. ¡Acción! Después no nos quejemos de la leche derramada. La hemos dejado hervir durante demasiado tiempo. En el Esmad no está la solución. Ni en pañitos de agua tibia. Buenaventura está gravemente herida. ¡Es urgente intervenir a fondo para su total recuperación!

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