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Columnista invitado 10 Dic 2012 - 11:00 pm

Kioto y la globalización

Columnista invitado

Para la funcionaria de las Naciones Unidas encargada del Tratado de Kioto la Conferencia de las Partes en la ciudad de Doha, capital del pequeñísimo reino petrolero de Qatar, tuvo resultados “históricos” que para las ONG asistentes fue un fracaso. Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda, todos países ricos y con excelente imagen, fueron premiados como los que pusieron más obstáculos a posibles acuerdos globales para afrontar el cambio en el clima del planeta.

Por: Columnista invitado
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En síntesis, en Doha el acuerdo se prolongó hasta el año 2020, se establecieron consensos para firmar uno mejor en 2015 y se crearon mecanismos para ayudar a la adaptación de los países pobres y desarrollar energías limpias.

Mientras tanto, la globalización real, la alejada de los consensos gubernamentales, sigue generando problemas ambientales en todo el planeta: el año pasado aprendimos en Colombia a sentir los impactos concretos y conjuntos del cambio climático y el fenómeno de ‘La Niña’: muertos, heridos, casas y cultivos destruidos.

Otros cambios globales no climáticos como el aumento del precio del oro y la sostenibilidad de la demanda de la cocaína en los países ricos nos han plagado de problemas peores durante los últimos años. Colombia sería un país menos violento y corrupto si el comercio y el consumo de narcotráfico se hubieran tratado como un problema de salud y si los economistas norteamericanos y europeos hubieran sabido cómo evitar la crisis de 2008 y el precio del oro no se hubiera multiplicado fomentando la minería legal e ilegal. Esos costos enormes no los hemos cobrado ni las Naciones Unidas han convocado conferencias para evitar que esos problemas de los ricos sigan causando tragedias a los pobres.

Hace bien el presidente Santos en tratar de construir la paz y en buscar cambios en la guerra contra el narcotráfico; lo haría mejor si generara una política de poblamiento que tuviera en cuenta los cambios ya seguros en el clima regional, las inundaciones de las regiones costeras bajas, la incertidumbre de los agricultores y ganaderos, las nuevas plagas en el trópico frío, las posibles migraciones hacia la región Andina y lo haría muchísimo mejor, ya estoy en la utopía, si multiplicara por cuatro o cinco el presupuesto del Ideam y si promoviera desarrollos industriales que aprovecharan nuestras ventajas en energías solar y eólica. Soñar no me cuesta nada.

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26 Jul - 11:15 pm f

Rostros

Delante de mí, la persiana; después de la persiana, fantasmas: Robert Graves, Baudelaire, Sartre, Camus, Piaf, Storni, Woolf, Cortázar, Borges, Quiroga, y más y más fantasmas que no quieren traspasar la persiana que me obstino en dejar entreabierta. Cierro la ventana y se cierra el mundo, deseo hacer memoria de los rostros de los maestros del pensamiento occidental para reconocer en ellos la alegría de las que tanto nos ufanamos. Paso la página para buscar mejores rostros, más humanos y más sosegados pero, por el contrario, me encuentro con los rostros de Beckett, Artaud, Van Gogh, García Márquez, Castaneda, Carpentier, Rulfo: fantasmas que se evaden por regiones de ilusión, protagonistas de una obra que ha escrito alguien en medio de una vasta soledad. Tal vez si buscamos rostros en el fútbol: Pelé, Maradona, Batistuta, Higuita, Mondragón, Raffo, Goycochea. Más rostros pletóricos de tristezas por sus derrotas. Rostros que aluden al fútbol siempre en falta, con ganas de reír pero con la tristeza profunda de quien nace derrotado: el fútbol es el espacio de la celebración de la desesperanza porque la derrota le gana. Un instante de felicidad mientras se hace el gol, pero un eterno nubarrón porque se acabó el partido y hay derrota. Abro la persiana y el mundo permanece cerrado, una Copa América es un evento americano, pero a Lio Messi le obligan a ser algo más que un futbolista mundial; le exigen ganar siempre porque está en deuda pero, paradójicamente, lo ha ganado todo. ¿Todo? Wilde, Unamuno, Poe, Dostoievski, Maupassant, Balzac, Calderón de la Barca, Vargas Vila, Quevedo, Dante, Moliere, Sófocles, Van Gogh, Cioran y Heidegger. El rostro de Messi, después de la derrota ante Chile, representa el gran triunfo de la caída, el triunfo de quienes caen y ya no quieren renacer. Este rostro me recordó que somos frágiles y que la cacareada felicidad depende de detalles simples (un abrazo, una conquista con los afectos). El rostro de Messi, que se ha hecho viral, es el virus de la dignidad hecha trizas por el fútbol, es deporte en el que todo está en juego: el amor, la locura y la muerte. Messi está lejos de ser un dios y, por ello, no puede ser más: un ser humano con sus debilidades, amores e, incluso, con sus mudeces y rayones “No le pidamos peras al olmo”, las peras no meten goles y los olmos son olmos. El colmo. Es falible, como todos. Lo tiene todo y hoy está vacío. Me duele el rostro de Messi.

25 Jul - 9:00 pm

Un plebiscito cordial

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