Por: Armando Montenegro

La decisión de James

Cierta sabiduría popular dice que puede ser mejor ser un pez grande en un estanque pequeño que uno chico en un gran estanque, un adagio parecido al que señala que es mejor ser cabeza de ratón que cola de león.

Este es un tema que fue explorado por Malcolm Gladwell para el caso de artistas y académicos. Gladwell recuerda que esto fue precisamente lo que sucedió con los impresionistas en la segunda mitad del siglo XIX. En lugar de someterse, con escasas posibilidades de éxito, a los estrictos requisitos convencionales del Salón anual, la gran exposición de pintura organizada por el gobierno de Francia, el grupo que lideraban Manet, Degas y Cézanne optó por nadar en su propia pecera, una exhibición pequeña, hecha a su medida, exclusiva para sus obras, que se constituyó en el trampolín que los catapultó a la historia de la pintura.

El desafío de James es, precisamente, hallar un estanque a su medida. A pesar de ser uno de los mejores jugadores del mundo, el hecho de no ser uno de los mayores peces en un gran estanque lleno de genios y tiburones le impide estar en la titular de su equipo, algo que lo desmotiva, lo frustra, le resta confianza y le impide, en los mejores años de su vida, jugar y desarrollar todo su potencial.

No se trata ni hace falta ser la cabeza de un pequeño ratón para encontrar el éxito (no era inusual, cuando no estaban en extinción, que los leones fueran derrotados por animales menos majestuosos como los osos, tigres y gorilas). Con un lugar asegurado en la titular de un buen club, con el apoyo de los hinchas de ciudades como Torino, Manchester o Múnich, las potencialidades de James seguramente podrán florecer, haciendo realidad el sueño que nació a raíz de su espectacular desempeño en el Mundial de Brasil y en sus primeros meses en el Real Madrid bajo la dirección de Carlo Ancelotti. Reflexionando sobre los impresionistas, Gladwell anota que, a diferencia de lo que ocurre en los estanques más grandes, “las peceras menores son lugares amables para quienes están allí. Gozan del apoyo derivado de la comunidad y la amistad; son sitios donde la innovación y la individualidad no son rechazadas…”.

De todas formas, el caso de Juan Pablo Montoya muestra que el traslado a una pecera más pequeña, por sí mismo, no asegura el éxito. El piloto colombiano abandonó la Fórmula 1, donde tuvo alguna figuración, pero se dirigió a la Nascar, un aburridor evento que divierte a evangélicos conservadores, bebedores de cerveza y consumidores de perros calientes, donde se sumió en una mediocridad bien remunerada. También motivado por la plata, el mismo Falcao salió del Atlético de Madrid en su mejor momento a un equipo de menor categoría en cuyo seno, incluso antes de su lesión, su carrera estaba en serio peligro.

Han pasado tres años desde su rutilante llegada al equipo merengue en 2014, un evento que, por momentos, parecía la concreción de un bellísimo sueño; pero, infortunadamente, después de un primer año mágico, lleno de goles y jugadas de fantasía, vino un largo período de oscuridad, banca y amargura, que terminará en las próximas semanas cuando James defina, por fin, su traslado a un club diferente al de sus primeros sueños. Ojalá que no se equivoque.

Malcolm Gladwell (2013), David and Goliath, Underdogs, Misfits, and the Art of Battling Giants. New York, Little, Brown and Company.

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