Por: Hugo Sabogal
Entre Copas y Entre Mesas

La hora del digestivo

Los digestivos son parte integral de muchos almuerzos o cenas donde comemos alimentos llenadores y de alto nivel graso.

Aunque no existen muchos estudios médicos que soporten los beneficios de las bebidas alcohólicas al final de las comidas (quizás con excepción de las maceradas con hierbas), la tradición cultural de consumirlas se remonta a los mismos orígenes de la civilización.

Desde Hipócrates, los licores anisados, por ejemplo, se han utilizado como aceleradores de la digestión, limpiando, de paso, los ácidos grasos asociados a las comidas suculentas.

Con el correr de los siglos, incluso, varias comunidades cristianas produjeron pócimas de este tipo, llegando a conocerse más por la elaboración de sus digestivos que por sus obras piadosas.

Los digestivos pueden ser blancos u oscuros, con un porcentaje de alcohol mayor que el de los aperitivos. Tequila, aguardiente, Cognac, Armagnac, Calvados, Grand Marnier, Chartreusee, grappa, limoncello y ron figuran entre los preferidos de muchas personas.

Esta vez consideraremos algunos de ellos.  Ya estará en cada uno elegir el más oportuno para aliviar los efectos de la llenura.

Aguardiente: la bebida nacional colombiana ofrece propiedades digestivas a partir de la presencia de anís en su preparación. La clave, aquí, está en beber una sola copa y evitar las siguientes, pues en muy corto tiempo puede conducir a otro exceso: el de embriaguez.

Tequila: este aguardiente de agave azul, al 100% de pureza, es un eficiente digestivo, lo mismo que su antecesor, el mezcal, hoy tan de moda.

Cognac y Armañac: ambos son, en esencia, brandis, sólo que toman su nombre del lugar donde se elaboran. Debido a su potencia y alto porcentaje alcohólico, siempre se reservan para el final. Culturalmente, son los predilectos de quienes cierran una cena abundante. Ah, y encajan muy bien con puros.

Calvados: su cuna es Normandía, al noroeste de Francia. Esta bebida se obtiene de la destilación de un fermentado de cidra de manzana. Se consume al final de la cena, y no pocos comensales le agregan un chorro de Calvados a su tasa de café y lo llaman “café calva”.

Grand Marnier: Grand Marnier siempre se ha conocido como una de las grandes casas de Coñac. En 1880, sin embargo, el francés Alexandre Marnier-Lapostolle le agregó esencia de naranjas y de almíbar a un lote de sus mejores destilados, dando vida así a un nuevo licor. Desde su introducción, se le ha utilizado como digestivo, pero también es un ingrediente clásico en la Crêpes Suzette.

Drambuie: este es otro digestivo de amplia preferencia en el mundo gastronómico. Su historia es larga y fascinante, pues incluye a monarcas perseguidos que terminaron salvando el pellejo en Escocia. El Drambuie es una mezcla de whiskies de Malta, miel, hierbas y especias.

Chartreuse: si este digestivo ha perdurado desde 1737 es porque cuenta con propiedades comprobadas durante siglos. Su elaboración ha estado a cargo de los monjes cartujos franceses. Lo único que ha trascendido es que lo elaboran con alcohol de alta pureza y lo mezclan con más de 130 hierbas, plantas y flores.

Grappa: con un porcentaje de alcohol que varía entre el 35% y el 60%, la grappa es un licor hecho con alcohol vínico, proveniente de la destilación de los orujos u hollejos de la uva. En Italia, la grappa es muy popular después de las comidas. Aquí cabe incluír el Pisco, para mí uno de los digestivos más nobles.

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