Por: Iván Mejía Álvarez

La influencia de Tite

Algunos niegan la influencia de los técnicos en un equipo de fútbol y reducen el éxito o el fracaso a lo que hagan los jugadores. Cuál podría ser la proporcionalidad entre el técnico y plantilla, más otros valores agregados como dirigencia y entorno, en lo bueno y lo malo.

Brasil es un caso sintomático de cómo un adiestrador logra cambiar la imagen, los resultados y la dinámica de un grupo de jugadores. Con Dunga, este mismo Brasil de hoy era un desastre, un timinho que no convencía a nadie. Su arranque en la eliminatoria fue penoso, jugando mal, sin resultados, dejando la sensación de que no se habían repuesto del fracaso que supuso su participación en la Copa Mundo en la que los apeó Alemania con afrentosa goleada. Su técnico era Dunga, tan defensivo como mal encarado, tan difícil en su trato personal como irreconocible en su relación con los jugadores. Dunga, nacido en el sur, carecía de los más elementales principios de convivencia con su dirigidos y parecía más un sargento mandón que el conductor de un grupo de atletas millonarios y festivos.

Leonardo Bacci, o senhor Tite, entendió rápidamente que a Brasil había que mudarle el ambiente, el entorno, la dinámica, y convertir aquel grupo de renegados en un equipo festivo, acorde con el ambiente de la mayoría de los brasileños. Menos exigencias disciplinarias, permiso para que suene la batucada, ambiente de broma, pero contracción al trabajo cuando se requiere, y Brasil mudó adentro y afuera. Llevan nueve partidos consecutivos ganando, 26 goles a favor y dos en contra: una máquina que lidera la eliminatoria y puede batir el récord de puntos conseguidos por la Argentina de Bielsa.

No es que Brasil haya lanzado una nueva generación. Son casi los mismos de Felipão o de Dunga, pero reencontraron la alegría y el juego punzante, el jogo bonito con el que volvieron a ser la primera selección del mundo.

Casemiro, Renato Augusto y Paulinho conforman el trío de mediocampo que destruye la operación adversaria. A Casemiro le sobra fuelle, igual que en el Madrid, mientras que Paulinho pica desde atrás y golea. El talento lo aportan Coutinho y Willian. Y Neymar es la joya de la corona, aunque todavía Tite lo regaña porque le sobra individualismo y le falta juego colectivo, como el primer tiempo ante Ecuador. Los laterales volvieron a salir y a dejar muestras de su categoría. Marcelo estará ausente y es buena noticia.

Tite lo consiguió. Revivió a Brasil y la selección auriverde llega al Metropolitano dispuesta a demostrar que en cada jugador hay un amante de la samba y el jogo bonito.

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