Por: Mauricio Albarracín

La luna de la Señorita María

Luz de luna (Moonlight), la ganadora del Óscar a mejor película, y Señorita María: la falda de la montaña, el documental colombiano de Rubén Mendoza, cuentan dos historias necesarias para comprender mejor la vida de quienes vivimos y sentimos una sexualidad distinta a la heterosexual.

Gran parte de la opinión pública piensa que la existencia de personas LGBTI en nuestra sociedad es un fenómeno urbano y de clase media. De hecho, las narrativas  dominantes del activismo pueden llegar a reforzar esas presunciones.  Por eso, la coincidencia de estas dos películas nos recuerda las complejidades de las identidades sexuales en nuestra vida contemporánea, en particular, en contextos rurales y entre la clase trabajadora. Moonlight cuenta la historia de Chiron en varias etapas de su vida que transcurren en situación de pobreza y violencia en un barrio pobre de Miami. Por su parte, Señorita María, nos cuenta la historia de una mujer trans campesina en Boavitá, Boyacá. La exploración de esta complejidad en ambas películas está acompañada de la reconstrucción de los espacios sociales e íntimos de ambos personajes.

Chiron y María  miran la luna desde sus propios lugares. Mientras uno la mira en el mar,  la otra la mira en la montaña durante un eclipse. Chiron construye su identidad en una tensión entre la violencia y la solidaridad de las comunidades negras de los Estados Unidos. Durante años, logra encontrar un camino difícil para resistir a un entorno que lo endurece sin llegar a destruir sus más profundos sentimientos. Chiron pasa de la timidez de un niño a una dureza exterior que surgió de la crueldad social.  Por su parte, la señorita María construye su identidad en un entorno campesino – en el cual trabaja duramente – en una tensión entre una profunda religiosidad y un pueblo chico que la discrimina. La señorita María cree en Dios y dice con convicción “Mi Dios hizo de todo: feos y bonitos, pero para Él todo es bonito. Para mí Dios somos iguales. Esa es la belleza”.  En ambas películas, el cuidado y el abandono de sus seres más queridos se presentan como parte de la construcción de la identidad que mira hacia el pasado con nostalgia pero que busca la esperanza en cada nuevo paso.

El cuidado, la desilusión, el amor, la espera, la soledad aparecen en ambas historias. Con Chiron y la señorita María, recorremos los caminos de la autenticidad, la resistencia y el cariño. Ambos personajes tienen figuras muy influyentes en sus vidas que los animan a seguir adelante en medio de un mundo que los hace ajenos. Tal vez, sin las voces de compañía que aparecen en el momento adecuado, sus vidas serían distintas o simplemente no serían.

Estas historias nos sitúan en los márgenes, pero también en el centro de nuestros debates sociales y de nuestras propias identidades. Viendo Moonlight, no dejaba de pensar en lo central de los sentimientos en la construcción de la propia identidad sexual.  En Señorita María, pensaba en el origen campesino y religioso de mi propia familia. En tiempos en que los matoneadores se sienten legitimados, la fuerza de la vida cotidiana que nos demuestra esas dos historias es la mejor respuesta al fanatismo.

* Investigador de Dejusticia. malbarracin@dejusticia.org @malbarracin

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