Por: Antonio Casale

La magia de lo justo

Empiezo a escribir esta columna un minuto después de que Chicharito Hernández convirtiera el gol del empate transitorio de su México con Portugal en la Copa de las Confederaciones. Hoy por lo menos hay ese partido y la final de la Liga Águila. Ayer, solamente Rusia y Nueva Zelanda nos brindaron 90 minutos de un fútbol poco motivante.

Este año no hay Copa América, ni Eurocopa, ni Mundial. Hace varios años no teníamos una temporada de mitad de año con tan poco fútbol. En estos días es que uno se da cuenta de que estamos invadidos de balones que ruedan a diestra y siniestra por los campos del mundo. En la aplicación Livescore, que uso normalmente como consulta, he llegado a ver que se disputan hasta 129 partidos de manera simultánea en todo el planeta a la hora de la media mañana colombiana. Hoy hay solamente ocho. Además de este emocionante México vs. Portugal, se disputan los ascensos en Suecia, Finlandia, Polonia y Letonia. Estos últimos, por supuesto, no están disponibles en la televisión.

Estamos acostumbrados. Siempre hay algún partido en la pantalla durante el fin de semana. No importa si es bueno o malo. No es relevante si lo vemos con atención o lo dejamos al fondo mientras leemos o hacemos uso de las redes sociales. Lo importante es que el fin de semana, mientras uno está en la casa, siempre hay fútbol; si sale a un restaurante hay algún partido en la pantalla. Si va caminando por el barrio, se ven los televisores puestos en fútbol a través de las ventanas. Los vigilantes ven fútbol, en las clínicas hay fútbol en la sala de espera. Un fin de semana sin balón no es igual.

Pero el partido de México y Portugal está bueno y la final del torneo colombiano tiene el tinte emocional del partido que define al campeón que lo hace imperdible. El otro día le preguntaron a Menotti, el técnico campeón del mundo con Argentina en 1978, cuántos partidos ve en el fin de semana. Contestó que el fútbol es como la comida. Demasiada te produce indigestión. Poca te deja con hambre. Pero dos buenos platos en el día son la medida justa para quedar satisfecho. Creo que tiene razón. Hoy es una buena oportunidad para comprobarlo.

Y mientras lo hago, entiendo que realmente se le saca más jugo a uno o a dos partidos vistos con atención que a muchos que se vuelven paisaje. La emoción de un juego, la salida de los equipos, los gestos de los jugadores, los movimientos estratégicos de los entrenadores, la magia de algunos futbolistas. Todos esos ingredientes saben mejor cuando el foco está sobre un solo juego a la vez.

Cuando yo era niño no había partidos por TV, pero el sábado en la mañana era hermoso porque a las nueve comenzaba Fútbol. El mejor espectáculo del mundo, un programa de una hora en el que repetían lo mejor de un juego que normalmente se había jugado en Brasil ocho días atrás. La magia de lo justo.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antonio Casale