Por: Aura Lucía Mera

La noria

Entre más vueltas demos, más vueltas damos. Asco. Impotencia. Frustración. Leo los titulares: “Cesa paro en el Chocó. Delegados del Gobierno viajan para acordar soluciones. Ya ministros y especialistas están en Buenaventura”.

Los mismos y en las mismas. Seguimos dándole vueltas a la noria. Encadenados, caminando en círculos sobre el estiércol y el barro, con las anteojeras puestas para que creamos que marchamos hacia adelante... sin avanzar un metro. Siempre en círculos. Círculos viciosos, repetitivos, malsanos, podridos.

Las mismas promesas. Las mismas mentiras que jamás se tornan realidad. El paro del Chocó y el de Buenaventura fueron manifestaciones clamando por la dignidad. Ni más ni menos. Miles y miles de ciudadanos que llevan años esperando; generaciones enteras que viven el diario no futuro y el eterno presente de la pobreza, el desempleo, la educación deficiente, la salud nula, la falta de agua potable, sin alcantarillado, amenazados por mafias, bandas criminales, testigos mudos y atónitos por la corrupción política, siempre protegida en la impunidad según las leyes de la “democracia” en que estamos incrustados.

Al Valle del Cauca le faltaron cojones y compromiso, como siempre, para solidarizarnos con nuestro municipio. El Gobierno central se lavó las manos, “acatando” obedientemente la negativa de permitir declarar el estado de emergencia para el distrito portuario.

La única realidad, monda y lironda, la del diario vivir, la de cada 24 horas, marcada por las mareas, la lluvia, los soles inclementes, la humedad corrosiva y la desesperanza alimentada de una rabia sorda que se acumula, es la realidad de las promesas que no se cumplirán y las mentiras que se reparten a discreción.

Con más desfachatez en estos momentos en que se barajan las candidaturas y comienza el mercadeo de votos. Todo vale, todo tiene su precio, y el que mejor sepa vender ilusiones, al igual que los culebreros de las plazas de pueblo, gana.

Indigna la falta absoluta de voluntad política. Hablando en términos taurinos, esas largas cambiadas, esos pases de muleta en los que la trampa no se ve, pero existe... y el aficionado del común no se da cuenta. Sólo algunos entendidos, pero la multitud se lo cree, aplaude la faena, se traga el engaño y pide oreja.

Sigo creyendo que la responsabilidad no reside en gobernadores de turno ni en las sucesivas alcaldías, sino en esa falta de compromiso del Gobierno y esas cohortes de ministros, vices, consejeros y aúlicos que para lo único que sirven es para dilatar la gran metástasis que explotará tarde o temprano.

Las dos presidencias de Álvaro Uribe y las dos de Santos han logrado ganar el campeonato de las promesas incumplidas con el Pacífico colombiano. Se llevan el trofeo. Están, en ese campo, mano a mano.

Entre la polarización política, las promesas incumplidas, el desbarajuste económico y los ministricos de bolsillo que nos están nombrando, veo el panorama oscuro. La paz no se consigue a base de palabrería. Los chocoanos y los bonaverenses tienen toda la razón.

Vías. Colegios. Hospitales. Empleo. ¡No más mentiras ni corrupción! Ni un paso atrás. A marchar hacia adelante y no seguir en círculos, ¡atados a la noria estatal!

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