Por: Mauricio Rubio

La política como cacería

Algunos políticos ya superaron el ingenuo maquiavelismo.

Ahmadou Kourouma es conocido como el Voltaire africano. Una de sus novelas, “Esperando el voto de las bestias salvajes”, habla de un presidente, Koyaga, experto cazador y tirano de la peor calaña. Veterano de la guerra de Indochina, recorre el África y aprende de los déspotas. “Quise escribir la novela con los nombres verdaderos de los personajes pero mi editor me disuadió. Según él, eso traería demasiados problemas jurídicos. Mantuve entonces únicamente sus respectivos tótems: el leopardo, el caimán, la hiena etc… Así, oficialmente, no son dirigentes africanos”.

De vuelta a su país, la República del Golfo, con algo de brujería y muchos asesinatos, Koyaga se toma el poder. Desbarata complots y triunfa sobre sus enemigos. Kourouma revela las prácticas mágico religiosas de algunos dictadores, con hechiceros a su servicio, a veces con rango ministerial.  

El planteamiento de la novela es que la política es asimilable a la cacería. “Los políticos operan en un espacio inhumano en el que no rige ninguna moral y el debutante debe formarse bajo la guía y experiencia de los maestros”. Gobernar y cazar exigen los mismos métodos de acecho, algo de placer, elaboración de mitos, formación de pandillas, manifestación del instinto depredador del ser humano y gusto por la sangre. Los encuentros de Koyaga con sus pares son cursos de iniciación en los que el aprendiz se familiariza con las leyes de la jungla política. Su primer anfitrión, el dictador del totem caimán, le enseña en pocas lecciones cómo sobrevivir políticamente. “La primera bestia malvada que amenaza a un jefe de Estado es la enojosa inclinación del debutante a separar las finanzas del Estado de las personales. Las necesidades y caprichos de un gobernante siempre sirven a su país, y se confunden directa o indirectamente con los intereses de la República y de su pueblo”. Además, nadie será tan mezquino como para husmear las cuentas de un mandatario elegido por sufragio universal.

La segunda bestia perversa que atenta contra un tirano principiante es la ingenua  diferenciación entre la verdad y la mentira. “Con frecuencia la verdad no es sino una manera de decir por segunda vez una mentira”. Ningún gobernante deberá enredarse buscando respetar esa distinción ficticia, simplemente propagará los mensajes que le sirvan para sus objetivos o sus causas. Y ningún ciudadano se levantará “para decir blasfemias opuestas a lo que afirma el jefe de Estado”.

La tercera amenaza es tomar a los hombres y mujeres de su entorno como se presentan a sí mismos. Para que un verdadero líder comprenda quiénes lo rodean debe saber, “como el encantador conoce las partes del cuerpo de la serpiente, los sentimientos y los medios con los que se puede engatusar a los seres humanos”.

La última alimaña, a primera vista obvia y fácil de combatir, es no tomar malas decisiones. La manera como la ilustra el maestro indica que no es algo tan simple como el maquiavelismo. “Es usual que el Presidente en persona, después de su ejercicio y trote matinales, se acerque en sudadera a la sala de torturas para supervisar los interrogatorios. Las confesiones le son presentadas, las analiza, las reagrupa, las verifica con el cuidado de alguien que cose la ropa interior de su mujer y decide llevar o no al acusado delante de la Corte encargada de la seguridad del Estado”. Además, menciona la “prisión privada”, justo al lado del Palacio, que podía visitar a cualquier hora, día y noche, para supervisar personalmente quién entraba o salía. Allí había incluso una sección para los familiares y amigos, los enemigos más difíciles de manejar.

Sobre cómo tratar a las mujeres, el maestro no dio consejos, pero Koyaga recibió una lección del dictador Bossouma, quien después de ausentarse por unos minutos para ir al baño, volvió jalando a su últma presa: una de las mujeres encargadas del aseo. La había encontrado hermosa, amable y le pedía su mano al anfitrión. La joven gritaba, se resistía. El tirano quiso averiguar si estaba casada. No, ni siquiera tenía un novio, respondió ella. Casi con hilaridad, el Presidente caimán le pidió a su jefe de protocolo que fuera a la ciudad a informarle a los padres de la adolescente que tenía nuevo compromiso y un próximo viaje. El emperador Bossouma acababa de contraer, en menos de diez minutos, uno de los treinta matrimonios que celebraba cada año.

A principios de este año, la Defensoría manifestó su preocupación por la “cacería” que le estaban haciendo las Farc a un grupo disidente, con “amenazas e intimidaciones contra la comunidad que no brinde información y preste colaboración en la vereda”. Ojalá en el posconflicto -sin posverdad, con transparencia, respeto por la vida y poco machismo- abandonen definitivamente esa manera de hacer política.

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