Por: Antonio Casale

La reinvención de Federer

Ayer adelanté la jugada de tenis dominical para las seis de la mañana. Quería ver la final de Wimbledon a las ocho. Pero no fui el único. Normalmente, conseguir cancha a esa hora es fácil. Pero ayer no. Los doce campos se ocuparon al filo de las seis y se desocuparon todas casi al mismo tiempo, a las 7:30 a.m. Todos querían ver a Federer.

No recuerdo a ningún otro deportista capaz de generar tal interés en un país tan lejano y poco “tenístico” como el nuestro. Federer detiene el reloj en todo el mundo cada vez que tiene la posibilidad de alargar su leyenda, y ayer lo hizo. Ganó su octavo Wimbledon. Su rival, Marin Cilic, un gran tenista croata, se vio frustrado hasta el llanto ante la superioridad del suizo.

A sus 35 años, Federer se reinventó una vez más. Ha ganado dos Grand Slams en 2017, Australia y Wimbledon; dos Masters 1.000, Indian Wells y Miami, y un ATP 500 en Halle, Alemania. Es consecuencia de varios factores.

Tras su derrota ante Milos Raonic, el año pasado en semifinales de Wimbledon, Federer cambió su estrategia. Después de la operación de rodilla a comienzos de 2016 no se dio el tiempo necesario para recuperarse. Entonces hizo algo que no había hecho en más de 15 años de carrera: descansar. No compitió en el segundo semestre y prefirió hacer una gran pretemporada en casa. Cuando todos aseguraban que le iba a costar el regreso por la falta de ritmo de competencia, volvió y ganó en Melbourne. Después de la primera gira de cemento, y tras quedar campeón en Miami e Indian Wells, volvió a parar. Estuvo casi tres meses sin competir, perdiéndose la gira de polvo de ladrillo. En el descanso estuvo la primera gran clave de su reinvención. Eso en lo físico.

En lo técnico también hizo pequeños cambios que marcaron grandes diferencias. Para este año disminuyó el peso de su raqueta, aumentó el grosor de la misma y el tamaño de la cabeza para encontrar un poco más de potencia, sacrificando algo de control. Esto le permitió ser más ofensivo con las devoluciones, en especial por el lado del revés. Ahora juega puntos más rápidos y apuesta a tener la iniciativa siempre.

Lo mental, crucial en el tenis, también marcó una evolución. Mientras descansaba y meditaba su retiro junto con su esposa, Mirka Vabrinec, que también fue tenista, decidieron cambiar la estrategia. La consigna en enero ya no era ganar y sumar más títulos. Era disfrutar, poder competir e intentar hasta donde fuera posible, partido a partido, sumar victorias. Esto le quitó presión. Comprendió que ya lo había ganado todo muchas veces y se dedicó a divertirse. Claro, este es un lujo que sólo se pueden dar tipos como Federer después de haber escrito la historia más grande de su deporte.

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