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Daniel Pacheco 16 Sep 2013 - 10:52 pm

Lecciones de los eslabones débiles

Daniel Pacheco

Durante la discusión que arraca sobre política de drogas, en el marco de las negociaciones de paz con las Farc, dos grupos traerán voces que generalmente poco se escuchan en el debate: los de campesinos cultivadores de la hoja de coca y los de usuarios de sustancias prohibidas.

Por: Daniel Pacheco
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Escuchar lo que dicen es clave para cerrar el conflicto histórico y prevenir otro en el futuro del país.

La historia de los cultivadores de hoja de coca atraviesa el conflicto y su relación con el narcotráfico. Aislados, más allá de las fronteras reducidas de la capacidad de atención estatal, el discurso de ilegalidad de una planta les ha llovido indiscriminadamente en la forma de glifosato y desembarcos en helicóptero de unidades militares de antinarcóticos.

Según me dijo Pedro Arenas, exalcalde de San José del Guaviare, donde se llevará a cabo uno de los foros sobre política de drogas para enviar propuestas a La Habana, las peticiones de los campesinos nacen de la base fundamental de que ellos no están cultivando coca por gusto, sino por necesidad. Diversos grupos campesinos han pedido desde hace años un cese a las fumigaciones, que además de hacerle poco a la hoja de coca artesanalmente bañada con aguapanela, sí afectan la salud y los cultivos de pancoger de los pobladores.

Y no son sólo los campesinos. Daniel Mejía, un economista que dirige el Centro de Política de Drogas de la Universidad de los Andes, ha mostrado, en diversos trabajos, que la fumigación no es una estrategia efectiva para luchar contra el narcotráfico. Eliminar un kilo de cocaína asperjando, según cálculos de Mejía, cuesta US$240 mil. Eliminar un kilo atacando su tránsito cuesta US$97 mil.

Estos cálculos no tienen en cuenta el inmenso costo adicional de pisotear los derechos humanos de colombianos pobres para implementar una estrategia impulsada por Washington. La perspectiva de un fin al conflicto en Colombia no tiene mucho futuro si se sigue criminalizando a uno de los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico.

Por otro lado, los usuarios de drogas, representados por la Red de Usuarios de Sustancias Psicoactivas que lidera el investigador Julián Quintero, enviarán a la mesa el mensaje claro de que se reconocen como parte del problema de las drogas y quieren aportar a su solución. Los usuarios, al otro extremo de la cadena que los campesinos, son el otro eslabón más débil por donde la política de drogas suele caer con más fuerza. Dejar de criminalizar el uso de drogas e incorporar las dinámicas (en este caso voluntarias) de consumo entre jóvenes de áreas urbanas, es la clave para no seguir repitiendo los patrones de marginalización estatal que durante años han impulsado el conflicto en el campo colombiano, ahora en las ciudades.

 

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Opinión por:

Gart Valenc

Mar, 09/17/2013 - 09:12
De lejos, el problema más crítico para Colombia en particular y países productores y de tránsito de la droga en general, no es el consumo sino una oferta controlada por el crimen organizado. Por lo tanto, el así llamado 'problema de las drogas' sólo podrá manejarse (no resolver, manejar) apropiadamente mediante la legalización regulada de toda la cadena del mercado de las drogas. Por el otro lado, el peor de los dos mundos es descriminalizar la demanda y al mismo tiempo penalizar la oferta . Comentario sigue aquí: www.asuntosdelsur.org/el-peor-de-los-dos-mundos/ Gart Valenc Twitter: @gartvalenc
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