Por: Francisco Leal Buitrago

Limitantes de la democracia

Los regímenes liberales o democracias representativas son el modelo a seguir frente a gobiernos autoritarios, despóticos o dictatoriales.

Los supuestos socialismos —aunque con políticas asistencialistas que han paliado pobreza y exclusiones— siguen sin ser recursos políticos sostenibles, además de disimular autoritarismos que limitan libertades con arbitrarias decisiones de los ‘mandamás’. Acá, los intereses colectivos que pretenden generalizarse no han logrado más beneficiarios que los alcanzados en no pocas democracias liberales que han buscado mayor cobertura de derechos individuales.

No obstante, los regímenes liberales se han acomodado a los efectos negativos derivados de los avances del capitalismo. Con mayor globalización y concentración de capitales, existen poderes trasnacionales que pesan más que muchos países con democracias liberales. La consecuencia es la incapacidad de sus gobiernos de implementar políticas sociales que vayan en contravía de tales poderes. Es difícil satisfacer ambas partes y sus resultados son promesas incumplidas.

Esto para no hablar de la laxitud en los controles oficiales a los voraces sistemas financieros o del corporativismo en la sombra, consecuencia del intercambio de favores entre gobiernos y magnates. Son ilustrativos al respecto los casos de potentados encumbrados por su contubernio con pasados gobiernos en México y Colombia.

Además, son muchos los regímenes que se diferencian según el nivel gubernamental de que se trate. A nivel nacional se desarrolla una lucha, no pocas veces fracasada, por mantener cierto decoro en las reglas de juego democráticas, mientras que en las regiones imperan los autoritarismos y ‘la captura del Estado’ por parte de mafias en alianza con políticos corruptos que buscan perpetuarse en el poder. Son los costos de la descentralización como avance democrático en sociedades con Estados políticamente débiles. La situación nacional es un ejemplo al respecto, alimentada además por una amplia gama de violencias.

Los intentos reformistas desde arriba, por parte de gobiernos que quieren pasar a la historia por sus avances en políticas sociales, se estrellan ante debilidades del Estado, equivocados modelos económicos, poderes de ‘la mano negra’ y aplicaciones de normas en derecho que encuentran resquicios para triunfar mediante corruptelas o ideologías fundamentalistas.

En tiempos de globalización y ágiles mecanismos individuales de comunicación que desbordan controles supuestamente democráticos, se generan y regeneran amplias redes de información. Es la voz que en pocos años ha ubicado a limitadas expresiones ciudadanas como eslabones de cadenas de protesta y movilización social. Sólo así varios gobiernos se han visto obligados a ceder ante los poderosos y poner empeños reformistas a favor de ideales democráticos.

Hay que afinar y aplicar este mecanismo de expresión ciudadana, para ver si el país comienza por fin a salir del atolladero en que lo han metido políticos, mafiosos y violentos. Pidamos, pues, la palabra y démosla a los demás.

 

* Francisco Leal Buitrago

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