Por: Uriel Ortiz Soto

¡Llegó la hora de las juventudes!

Es importante que las juventudes estudiosas empiecen a ser protagonistas de su propio futuro diseñando planes y programas de desarrollo, que les permita abrir espacios para que las presentes y futuras generaciones no tengan que vivir y padecer las afujías de un País en guerra, lleno de dificultades para poderse realizar profesionalmente.

Es procedente abrir  espacios  para lograr oportunidades, ahora que nos encontramos frente a una Colombia unida por la paz, de no hacerlo, les esperan tiempos difíciles para surgir como dirigentes, frente al cambio generacional que con urgencia reclamamos.  

Llevábamos años sin presenciar una manifestación pacífica y ordenada promovida por las juventudes universitarias para presionar el acuerdo de paz entre el gobierno, la guerrilla y todo tipo de organizaciones que operan al margen de la ley que hacen invivible nuestra vida en campos y ciudades. 

No es nada sensato que algunos dirigentes del gobierno, pretendiendo desconocer los resultados del plebiscito, quieran embarcar al País en uno nuevo, con argumentos tan traídos de los cabellos, que es hasta vergonzoso que tales desfachateces sean propuestas de los senadores: Armando Benedetti y Roy Barreras, que no son precisamente las lumbreras en proponer proyectos de ley importantes para el País, pero sí en parir micos  y pescar en río revuelto.

Estas propuestas, además de desconcertantes, no dejan de ser una falta de respeto para con los electores, la voluntad popular expresada en las urnas es un hecho sagrado, pretender desconocer sus resultados es propio de los ignorantes sin oficio, que creen que todo lo pueden solucionar mandando mensajes politiqueros y de mal gusto.

Como consecuencia de todos estos impredecibles, es que las juventudes estudiosas se están organizando, puesto que el País está pidiendo a gritos el relevo generacional, que indudablemente tiene que darse con la reforma política, la cual aspiramos sean quienes la lideren, a través de una Asamblea Nacional Constituyente. 
Las corporaciones legislativas de nuestro país, están en manos de una clase dirigente en su mayoría corrupta e ineficiente, si empezamos desde las Juntas Administradoras Locales, JAL, pasando por los concejos municipales, asambleas departamentales y congreso de la república, en su mayor parte tienen una historia desagradable que contar, por malos manejos, chanchullos y peculados, siempre en contubernio con alcaldes, gobernadores, ministros de despacho y presidentes de la república, que no pocos han estado vinculados a casos de malos manejos administrativos y de las finanzas del Estado.

No es exagerado decir: llegó la hora de las juventudes, se habían demorado para manifestarse ante hechos tan graves que actualmente agobian a nuestro País, si bien ya lo están haciendo  con el acuerdo de paz, deben iniciar cuanto antes una campaña sin cuartel de lucha contra la corrupción.

Cuando las juventudes universitarias, protestan en la forma en que lo están haciendo: sin violencia, en silencio, de forma ordenada, con material didáctico alusivo a la Paz y con un mensaje claro para: el gobierno, la guerrilla de las Farc  y su clase dirigente, es porque existe la predisposición de seguir la lucha, conseguir objetivos concretos frente al proceso de paz, que se encuentra en la etapa final, pero, desafortunadamente en los laberintos de la incertidumbre, por cuenta de los resultados del plebiscito del 2 de octubre, donde el Sí y el No, prácticamente tuvieron un empate técnico.

Total, esta categoría de marchas no pueden desestimarse, antes por el contrario, toca darles una lectura valida de interpretación: qué es lo que quieren la juventudes,  en lo que sea posible iniciar cuanto antes un diálogo con sus representantes, con el fin de diseñar derroteros de estímulos y analizar sus sugerencias para estudiarlas a las luz de las posibilidades, vincularlas dentro del acuerdo de paz y posteriores decisiones en la vida política, social, administrativa y económica del País.

Las multitudinarias marchas y vigilias que se están promoviendo por diferentes ciudades del País, es un mensaje de alerta al gobierno, su clase dirigente y las Farc, pero, también para que los promotores del SÍ y del No, se sinceren frente a los destinos de nuestra patria, y unidos busquen soluciones concretas a la paz de Colombia, debemos entender que cada uno de los jóvenes marchantes, anhela vivir en un país en paz, no quieren pasar desapercibidos frente a tantos hechos de violencia que les ha tocado vivir desde niños en sus regiones de origen.   

La verdad es que miles de estos jóvenes, directa o indirectamente, han padecido la violencia en una u otra forma, víctimas del el secuestro, violación o asesinato de uno o varios de sus seres queridos, entre muchos otros casos aberrantes, hay que admitir que las universidades son centros de concentración de estudiantes que llegan de diferentes regiones del País, y desde  luego, tienen infinidades de historias tristes que contar sobre la violencia de las Farc, pero, también de todo tipo de organizaciones que operan al margen de la ley, como:  paramilitares, grupos guerrilleros del ELN, las bacrim, la violencia del narcotráfico, la corrupción, en fin violencia en todos los órdenes y modalidades.

Inicialmente, fue una marcha sorpresiva, sin aspavientos, sin propaganda y sin recursos, manejada por redes sociales; aprovechando eso sí el momento coyuntural que está viviendo nuestro País, después del plebiscito del 2 de octubre. Se calcula que solamente en Bogotá marcharon alrededor de treinta mil universitarios y en otras ciudades que también lo hicieron buen número de personas, entre jóvenes y adultos mayores que se sumaron a la marcha pacífica.

¿Pero cómo están interpretando las juventudes estudiosas la situación actual del País? Muchos de los que marcharon o están concentrados en campamentos de diferentes ciudades, tienen algo muy claro: trabajar por la paz de Colombia, exigiendo prontas soluciones, presionando al gobierno, a los comisionados de paz, para que se busquen claras y concretas salidas, se le ponga punto final a una guerra que  también han vivido en sus lugares de origen junto con sus familias.

Lo más importante, es que los jóvenes ya entendieron el mensaje con los resultados del plebiscito del domingo 2 de octubre; son conscientes que tanto el Sí, como el No, son triunfadores y que por lo tanto entre ambas corrientes se debe buscar soluciones concretas y definitivas al acuerdo de paz, que si bien se firmó el 26 de septiembre en Cartagena, ante infinidad de testigos de la comunidad internacional, adolece de una serie de falencias, que es indispensable renegociar, puesto que así fue el veredicto de las urnas, que aunque por muy poco margen sobre el Sí, no puede desconocerse que esa fue la voluntad popular.

urielos@telmex.net.co
 

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