Por: Augusto Trujillo Muñoz

López: un hombre de pensamiento

La república liberal modernizó el país: transformó una democracia monástica en un Estado de Derecho con acento social.

Al amparo de Alfonso López y de Eduardo Santos surgió una nueva generación que marcó nuestra historia política con su propio sello: Los Lleras, Echandía, Gaitán. Con ellos una legión de jóvenes impulsó cambios y construyó instituciones que, a pesar de las dictaduras del medio siglo y de las secuelas de la Violencia, sobrevivieron. El liberalismo fue gran protagonista de todo ese proceso.

El Frente Nacional, como alternativa contra el autoritarismo, fue un pacto exitoso de paz, que superó la confrontación bipartidista y aclimató la coexistencia pacífica. Por desgracia se cerró sobre sí mismo. Convirtió los partidos en capillas electorales que borraron entre sí toda frontera doctrinaria. El partido del Frente Nacional dejó de pensar en la próxima generación para limitarse a ganar la siguiente elección.

Era necesario recuperar la dinámica de un liberalismo que terminó prisionero de su propia trampa. Ese fue el papel histórico que, desde el punto de vista liberal, cumplió Alfonso López Michelsen cuando ingresó a la actividad pública. Su Movimiento de Recuperación Liberal (MRL) significó la posibilidad de airear la política y de evitar que el partido engavetara en el pasado las conquistas de la república liberal. De esa manera recordó que liberalismo es pluralidad.

Al celebrar el centenario de su nacimiento, ceremonia que presidió este martes en la Universidad Externado de Colombia, el jefe del Estado destacó al ilustre ex presidente como un gran estadista. Lo fue, por supuesto. Pero es en su rol de disidente donde se sustenta su gran contribución a la historia de su país. Fue un disidente político porque era un disidente intelectual, es decir, era un hombre de pensamiento.

Más allá de sus virtudes y defectos López fue un hombre de su tiempo. Transformó su movimiento político de recuperación liberal, en el Movimiento Revolucionario Liberal para captar los sonidos de cambio que agitaban al Tercer Mundo en los años sesentas. Pero como hombre de ideas lo que mejor conocía, era el ejercicio del pensamiento crítico, con un talante provocador y un talento excepcional. 

Las mejores instituciones colombianas son producto del pensamiento liberal, y de sus hombres más críticos. Quien primero propuso la creación de una Corte Constitucional fue el maestro Darío Echandía, en el seno de la Comisión Paritaria de Reajuste Institucional. Y López Michelsen quien, por primera vez, sugirió instaurar la acción de Tutela. Fue también el primero que convocó una asamblea constituyente para reformar la justicia y el régimen territorial, dos cosas que, aún hoy, siguen pendientes.

Alguna vez lo dijo en el Centro de Estudios Colombianos: “La convivencia que se protocoliza entre quienes ya son socios no es un paso hacia la paz, sino el toque a somatén para enardecer a la tropa frente al adversario. La verdadera convivencia es la que se realiza con los adversarios”. Eso es el pluralismo.

*Ex senador, profesor universitario, [email protected] 

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