Las Farc dejan todas sus armas

hace 48 mins
Por: María Elvira Bonilla

Los 'bebecitos' de 'Jojoy'

ES FÁCIL INSISTIR EN NEGAR LA realidad. Sentir con optimismo infantil que estamos en el mejor país del mundo.

Decretar la desaparición de las Farc y que la seguridad democrática borró la guerrilla de la faz de la Tierra. El video que transmitió la revista virtual www.kieyke.com (y que aún puede verse), grabado en el campamento del Mono Jojoy 20 días antes de su caída, muestra que nada de eso es cierto. Y que, como diría, el ex presidente Uribe, la culebra sigue viva.

Se ve una guerrilla, al menos el bloque oriental comandado por el Mono Jojoy, con energía y convencimiento. Pero lo más preocupante, con capacidad para enrolar decenas de muchachos y muchachas, de distintas procedencias, tanto rurales como urbanas. En el video, Jojoy los recibe con el ritual de una parada militar y los denomina “los bebecitos” que deberán enfrentar unas fuerzas miliares modernizadas, dispuestas a perseguirlos en los rincones de Colombia. Imágenes que golpean. Revelan una realidad inocultable que el gobierno de Uribe conocía: el reclutamiento no se ha detenido. A pesar del futuro de incertidumbre, dificultades y de plomo, jóvenes de distintas regiones del país siguen entrando a las filas guerrilleras. Es un dato que el triunfalismo guerrerista no debería esconder.

La espiral de odio que se va formando, de manera casi ciega, alrededor de matar y matar más guerrilleros, como único propósito, desdibuja el sentido final de una política de seguridad nacional que no puede abandonar las causas que alimentan la guerra. El conflicto colombiano no puede analizarse con las vísceras, con las emociones y la venganza como gran motivación. Una herencia del uribismo que el gobierno Santos debería sacudirse para afrontarlo de otra manera. Echar bala y matar guerrilleros no redime a ningún gobierno de la responsabilidad que tiene frente a los factores objetivos de la violencia que alimentan el reclutamiento guerrillero.

En otro aparte del video, Jojoy —aunque desaparecido, igualmente era el máximo general de las Farc— reconoce que para acabar con la guerra se requiere cabeza. Una afirmación que en boca suya, un guerrerista hirsuto, cobra valor. Palabras que no vale la pena banalizar y que resulta mejor atender.

Es innegable el debilitamiento militar y político de las Farc. Pero precisamente esta condición es la idea para rematar en un proceso de paz, al que habrá de llegarse más temprano que tarde. Santos lo sabe, razón por la cual ha estado vinculado a diferentes procesos de paz en el pasado, y de manera frontal y comprometida. Sabe que el tema no es de rendición ni humillación, sino de acuerdos políticos que conduzcan a una reconciliación que Colombia necesita para su despegue definitivo. “La puerta del diálogo no está cerrada con llave”.

Los “bebecitos” del Mono Jojoy se merecen una suerte distinta, un futuro promisorio, y Colombia, el Estado y la sociedad, están en obligación de ofrecérselo. Un país serio no puede seguir entregándole sus jóvenes a la guerra y las imágenes de esas decenas de muchachos estrenando uniforme guerrillero son una vergüenza. Una derrota como sociedad y como país.

 

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