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Juan Manuel Ospina 11 Sep 2013 - 11:00 pm

Los hombres buenos

Juan Manuel Ospina

En el entierro de Miguel Vásquez, un hombre sencillo pero sabio, descomplicado en su vida personal pero jugado frente a los demás, en especial los invisibilizados por una sociedad miope y desposeída de grandeza, inhumana y egoísta, que ha perdido el sentido de la dignidad, pensé que en nuestra actual decadencia y malestar como sociedad juega un papel importante la obsesión por las normas, por las formas, con el consiguiente olvido de lo esencial, que es la gente.

Por: Juan Manuel Ospina
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El formalismo de los códigos y las prohibiciones imperantes en esta sociedad enferma de corrupción, corroída por la envidia y la injusticia,   suplantó a las personas que con sus sentimientos, sueños y compromisos son las que les dan el sentido y el contenido real a las instituciones sociales y estatales. Parecería que nos sobran abogados, que no juristas que son bien distintos, y nos faltan humanistas. La sociedad, el estado y sus instituciones tienen el alma de las personas que las conforman. 

Miguel era un hombre bueno, firme hasta la terquedad en sus convicciones lo que es exótico  en un mundo  entregado a  las conveniencias, hijas del  egoísmo y el cortoplacismo. Miguel creía y esas creencias animaban y le daban sentido a sus actuaciones, a su vida. Y porque creía era un hombre bueno y un verdadero servidor público, que no simple funcionario. Su compromiso era con la justicia y la dignidad,  con lo que es  trascendente  en las personas. Así lo reconocieron  en su entierro los voceros compungidos de indígenas y negros a quienes dedicó su vida,  su compromiso como persona y como servidor público. Contaron cómo encontraron en él al amigo que escuchaba y acompañaba, que los entendía y respetaba; al jurista consagrado a hacer valer  sus derechos desconocidos – fue fundamental en la concepción de la ley 70 para las negritudes -; al funcionario que impulsó en la Alcaldía de Lucho Garzón el proceso que culminaría en la política pública distrital para afros e indígenas y luego en el Incoder las titulaciones colectivas de tierras para esas poblaciones. Oyéndolos en su dolor y gratitud, pensé que el verdadero servidor público es ante todo una persona buena, pues nadie da lo que no tiene. Nuestras normas y nuestros organismos de control olvidan o desconocen este principio sencillo pero fundamental. Paz en su tumba.

XXXXXX

A propósito del drama sirio, escuché una importante entrevista que el muy bueno y culto periodista norteamericano Charlie Rose  le hizo al Presidente Bashar-asad, la única que le ha dado a un occidental. En ella es evidente que la tragedia del Medio Oriente tiene dos elementos fundamentales, que hacen suicida e injustificada la intervención  de Occidente, léase Estados Unidos, en la guerra. La primera es que en las raíces del conflicto se encuentra  la reacción de  grandes y antiguas culturas,  la árabe y la persa, a que les impongan un modelo de modernidad ajeno a ellas e importado de los Estados Unidos.  La segunda es que se trata de  una cultura  con un  componente religioso musulmán  dominante,  que le da al conflicto su carácter de cruzada, de lucha contra el mal, contra “el demonio occidental”. En la región,  el conflicto se vive como  una verdadera guerra fratricida entre sectas musulmanas, chitas y sunitas, en  lucha por el poder, pues en el mundo musulmán religión y política están indisolublemente ligadas;  detrás de los ayatolas y las mezquitas enfrentadas, está la eterna lucha por la dominación y el poder.

Recordé al respecto, observaciones pertinentes del profesor de la London School of Economics y de Oxford, y pensador conservador, John Gray: “Las sociedades occidentales son gobernadas por la creencia de que la modernidad es una condición única, que se da siempre y en todas partes de la misma manera y que es siempre favorable.” Afirma igualmente que Al Qaeda es un subproducto de la globalización y que en su motivación está el vacío espiritual que la cultura musulmana percibe  en las sociedades occidentales modernas. La cosa entonces no es tan sencilla como nos la presentan. No se trata de una película de vaqueros entre buenos y malos ni la venganza de los virtuosos occidentales contra los árabes depravados, con el aroma  mareador del petróleo.

 

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EMRD

Vie, 09/13/2013 - 15:33
Miguel Vásquez Luna, fue ante todo un servidor comprometido y un maestro convencido. Un hombre radical para defender sus convicciones. Trabajó sin distinciones en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, rrom y afrodescendientes. Falta grande Miguel a este país que se hunde en es desconocimiento del otro, en la invisibilización del igual. Falta grande Miguel, maestro de la vida.
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Juvian

Jue, 09/12/2013 - 23:13
Perdón señor Ospina, El señor Vasquez siempre tuvo muchas caras, la que le convenia, según las circunstancias. Usted habla de que el compromiso de él era con la Justicia y la Dignidad!........, permitame contradecirlo, su paso por las diferentes entidades dejó muchos sinsaboresl Sigo pensando que al igual que usted, él engañó a las personas que toman las decisiones en este País, posando de humanistas, cuando no son mas que una caricatura lleno de vicios no tan santos. Que Dios lo perdone, por que hizo mucho, pero mucho daño. Usted debe aprender a aplicar lo que predica. CONGRUENCIA , mucha CONGRUENCIA
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Amonoi

Jue, 09/12/2013 - 15:00
El mundo actual no es la mejor muestra de racionalidad humana. La locura que produce la avaricia + las políticas económicas embrujadoras, que hacen que los pobres mueran pobres soñando que son ricos o que estuvieron a un paso de serlo, hace que la racionalidad y las características netamente humanas de solidaridad y compresión se guarden debajo de la alfombra. No es fácil romper el embrujo y dejar que pasen las sombras por nuestro lado sin que nos lleven nuevamente a la oscuridad, pero es posible hacerlo, es posible conocer las grandes cultura mundiales y admirar su sabiduría, sin importar que el gorilato y la soldadesca neoliberal los vuelva trizas cada vez que se le antoje. La fuerza de la vida es inatajable.
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suesse

Jue, 09/12/2013 - 07:33
Cultura, religión, tierra, petróleo. Dinero, Wall Street, futuros. Ignorancia, arrogancia, indolencia, avaricia. Pero como andamos tan ocupados, todos, gringos, latinos, europeos, asiáticos, rusos, todos, en sobrevivir, nos contentamos con imagenes, y los titulares que pasan cual pildoritas, al lado de los indices de bolsa, el cima en Washington o Pekin, y la frase de Britney Spears, todos a la vez. Y nos creemos bien informados, y lo mejor, muy buenos ciudadanos de un mundo que se esta cayendo a pedazos, mientras las mayorias no votan, solo estan pensando en la nueva chucheria que compraran con su tarjeta de crédito, o en la lipo que se haran para verse y venderse mejor. O en la rumba, el celular, el chat. Todo, a base de petroleo. Que tambien tendrá su final, y pronto. Que haremos?
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Boyancio

Jue, 09/12/2013 - 06:49
Preocúpate, Ospina, que a tu pueblo le falta una buena docis de cafeaspirina revuelta con cebolla y tomate, para que pueda absorver la falta de democracia que no le entra por ninguna parte. !El plomo, nama!
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Marmota Perezosa

Jue, 09/12/2013 - 18:42
no escriba absorVer , sino absorBer , boyaco
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Jose Knecht

Jue, 09/12/2013 - 05:26
Qué curioso: El señor Ospina, el mismo que le abrió la puerta trasera a una de las personas que mas daño ha causado a nuestra sociedad en muchos años, es capaz de reconocer las virtudes de un buen servidor público. Jamás ha dicho, el ex-secretario de Gobierno, qué lo motivó a llevar a Liliana Pardo Gaona a la administración distrital. Las loas al finado suenan falsas, cuando se miden frente a los actos de la improvisada plañidera...
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Casta Paria

Jue, 09/12/2013 - 01:08
Lo que pasa en Siria y el mundo es simple, dentro de la lógica neoliberal globalizadora y su relaciones de poder.... www.counterpunch.org/2013/09/05/making-the-world-safe-for-banksters/
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suesse

Jue, 09/12/2013 - 07:37
Triste, pero es cierto. El mundo se ha simplificado tanto!! Que ya a ratos, ni opinar mucho, cree uno, vale la pena. Pero hay que seguir, asi sea como valvula de escape. Y leer cosas informativas (y depresivas!) como las que usted muy amablemente, comparte. Entre la mafia de los banqueros, petroleros e intermediarios de vivienda, alimentos y medicinas, ya casi tienen el control y el fin de este mundo.
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