Por: Álvaro Forero Tascón

Los mitos contra el proceso de paz

Los mitos sobre la guerra contra las Farc son los principales responsables de que un sector de la sociedad colombiana se oponga a las negociaciones de paz.

El mito de la inevitabilidad de la derrota de las Farc: desde que hace un cuarto de siglo cayó la muralla de Berlín, algunos vienen prediciendo —como Fukuyama— el fin de la historia … de las Farc. Asumen que con el fin de la Guerra Fría desaparecieron las causas de los conflictos internos. Hoy hay en el mundo más de treinta, de diversa índole: siete de ellos surgieron antes de que nacieran las Farc y más de veinte después. Algunos como el de Afganistán, de condiciones similares al colombiano en materia de geografía inexpugnable y financiación por vía del narcotráfico, continúa a pesar de que es la prioridad militar de Estados Unidos y de la OTAN (28 países) y le ha costado a ese país seiscientos cuarenta billones (en el Plan Colombia ha invertido menos de 2% de esa cifra). Solo si fuera cierto que las Farc son derrotables en el corto plazo se justificaría la oposición a la negociación de paz. Sin embargo, tras diez años de combatirlas ferozmente, las Farc conservan cerca de diez mil personas en armas.

El mito de la seguridad: la disminución sustancial de la guerra gracias al Plan Colombia (rebautizado Seguridad Democrática) duró hasta 2008, porque habiendo logrado mantener sus territorios de influencia y su financiación, desde entonces las Farc readecuaron su estrategia guerrillera. Mientras éstas protejan y trasladen las siembras de coca, habrá grandes utilidades para financiar organizaciones criminales y las condiciones de seguridad fluctuarán de acuerdo con los cambios y ajustes de esas organizaciones. Sin una paz que ataque el problema de los cultivos ilícitos no habrá manera de enfrentar el narcotráfico, que hoy es el verdadero enemigo de la seguridad. Solo si fuera cierto que no se requiere una paz “costosa” porque la seguridad es “más barata”, se justificaría la oposición a la negociación de paz.

El mito de la impunidad: quienes se oponen a la negociación sostienen que no están opuestos a la paz sino a las condiciones en que se negocia. Exigen cese al fuego para negociar y cero impunidad para firmar. Pero la peor impunidad es la de la guerra y las condiciones las impone la realidad, no quienes quieren hacerlas prohibitivas para que no haya negociación. Durante el proceso con los paramilitares, éstos violaron el cese al fuego en más de dos mil oportunidades según algunos informes, y no se les terminó concediendo impunidad total gracias a la exigencia de la Corte Constitucional y la presión del Partido Liberal y los Estados Unidos. Su extradición fue fruto de la evidencia de que eran los mayores capos del narcotráfico y que durante todo el proceso controlaron el negocio. Solo si fuera viable que las Farc se sometieran voluntariamente a la justicia —como hicieron los paramilitares— se justificaría la oposición a la negociación de paz.

Si existiera otro mecanismo para detener la guerra, se justificaría la oposición a la negociación. Pero el sometimiento de las Farc por la fuerza hoy no está más cerca, sino más lejos. Por una sencilla razón: las Farc sobrevivieron a la mayor prueba de su historia —la seguridad democrática—. Llegó el momento de aceptarlo. 

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