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Hugo Sabogal 8 Jun 2013 - 10:00 pm

Aromas y sabores del Perú

Los Pisco Boys

Hugo Sabogal

A diferencia de otras bebidas populares, como el tequila, el pisco sigue dependiendo de su entorno peruano.

Por: Hugo Sabogal

La historia del pisco está ligada a la sociedad agraria de Perú. En su mayoría, los actuales productores (unos 400) son hombres de campo que han recibido los secretos de elaboración de sus padres, y estos, a su vez, de los suyos, en una sucesiva cadena de transmisión de costumbres y conocimientos que ojalá perdure.

El epítome de estos productores auténticos es, para mí, el admirado Matías Grados, mejor conocido como el Cholo Matías, un campesino iqueño, ya entrado en sus ochentas, que constituye el principal referente para los pisqueros, lo mismo que para los más exigentes consumidores de la compleja bebida peruana.

Nunca olvidaré la fuerza de sus gruesas y curtidas manos, sus largos silencios y su respetuosa cortesía al ofrecerme su petaca personal, que sacó del bolsillo de su arrugado saco. “Toma, prueba un trago de mi Negra Criolla” (una de las ocho uvas pisqueras). Apuré un sorbo y, como el astronauta estadounidense Neil Armstrong, di una tremenda zancada, no sobre la superficie de la Luna, sino hacia el Olimpo de los elixires. Cuando intenté devolverle la licorera, me enseñó con la mano a los demás contertulios (sus hijas y un par de amigos), y me invitó a pasarla de mano en mano. En el pisco, la generosidad es la pieza clave.

La fecha más reciente cuando probé un pisco del Cholo Matías fue hace unas 72 horas, cortesía de Ricardo Martínez, un alto ejecutivo de una compañía minera, quien me había invitado a su casa, al este de Lima, a instancias de Pepe Moquillaza, un amigo de ambos. Era un Italia Rosada, otra uva pisquera, plantada en bajas cantidades en Perú. Su gracia es que ya había sobrepasado los 20 años de evolución en botella. Y qué joya: pura delicadeza y carácter mineral, con toques a nueces, uvas pasas y pimienta negra. Martínez me había mostrado, minutos antes, su cava personal de pisco, donde guarda ejemplares de varias décadas y otros tesoros que ha lacrado para frenar la tentación de tomárselos.

Pero antes de eso ya habíamos probado un Quebranta (la uva pisquera de mayor trascendencia), que Martínez había destilado, en compañía de Carla Carty, su esposa, y de Jorge Portela, un amigo, quien también estaba presente esa noche. Han bautizado esta marca como Villa de Valverde, nombre original de Ica. Es un caldo que, sin duda, promete mejores días. En realidad, la velada había comenzado con una prueba del Inquebrantable 2011, el pisco de Moquillaza. Sin duda, esta cosecha dará mucho de qué hablar, una vez, claro, se lo envase, lo que ocurrirá en ocho o doce años.

Quiero reseñar aquí el comienzo de una nueva tendencia, consistente en el ingreso de ejecutivos y altos profesionales peruanos a la elaboración de piscos boutique. Portal, por ejemplo, es experto en informática y Moquillaza es consultor de infraestructura. Y Carla es propietaria de una agencia de viajes.

A diferencia de otras bebidas de origen popular, como el tequila, el vodka y la grappa, el pisco sigue dependiendo de su entorno peruano, con excepción hecha de algunos productores y exportadores, como Queirolo, Cuatro Gallos, Viñas de Oro, El Portón y Demonio de los Andes.

La llegada de importantes hombres de mundo, como los Pisco Boys, le permitirá a la bebida alcanzar el futuro que esperaba, con mucho respeto a lo que el Cholo Matías y otros productores les han dejado.

La labor de otros Pisco Boys

El empresario Javier Rodríguez Cuadros me invitó a probar su nuevo pisco, hecho con Quebranta, que está buenísimo, pero aún no tiene marca. El propio Rodríguez me comentó que los Pisco Boys siguen multiplicándose. Entre los nombres que recopilé en menos de 15 minutos están el Leblanco, de Carlos Mejía, agrónomo; el 1615, creado por el banquero Drago Kisic, graduado en Oxford University, y el de la única ‘Pisco Girl’, la exbanquera Melanie Asher, educada en Harvard y con experiencia laboral en Wall Street. Su marca es un ingenioso juego de palabras en torno a uno de los símbolos históricos y culturales del país: Machu Pisco. 

  • Hugo Sabogal | Elespectador.com

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Opinión por:

suesse

Dom, 06/09/2013 - 21:53
Y...Salud!!!
Opinión por:

Cecifer

Dom, 06/09/2013 - 16:28
Me encanta todo ese conocimiento en aromas y sabores, que posee Hugo.
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