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Hugo Sabogal 19 Ene 2013 - 11:00 pm

Desde los terrenos del agave azul

Los secretos de Don Julio

Hugo Sabogal

Historia de un tequila que nació en manos de Julio González.

Por: Hugo Sabogal
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A dos meses de conmemorarse el primer aniversario de la muerte de Julio González Estrada, creador del tequila Don Julio, decidí aprovechar la reciente visita a Colombia de Enrique de Colsa, maestro tequilero de dicha casa, para destapar algunos de los secretos que la convirtieron en una de las marcas más taquilleras de México y entre la más vendidas en el mundo.

¿Cómo pudo llegar a esta posición un producto de origen artesanal, preparado por un campesino que apenas cursó tercero de primaria y que se declaraba sorprendido cuando le informaban de los últimos destinos de exportación? “¿Australia, Hong Kong, Uruguay? ¿Y dónde quedan esos lugares?”, les preguntaba a sus colaboradores.

En realidad, a él sólo le gustaba hacer tequila, cuidar las plantas de agave azul como a sus hijos y trabajar sin descanso para apartarse de la tendencia generalizada de hacer aguardientes punzantes y potentes. Hoy los tequilas de lujo como Don Julio alcanzan precios elevados.

En realidad, González montó, en 1942, una pequeña destilería donde preparaba tequilas de volumen —que vendía a intermediarios nacionales y estadounidenses—, de cuyo destino tampoco fue consciente. Sólo hasta 1951 se animó a sacar una marca familiar llamada Tres Magueyes, una bebida de bajo costo, como exigían entonces las leyes del mercado.

En 1985, González sufrió un infarto cerebral y, cuando se recuperó, tomó conciencia que había perdido algo de su agudeza mental y entró en una profunda depresión. Para animarlo, sus hijos le organizaron una fiesta para 400 personas y le preguntaron qué quería ofrecerles. Él les señaló unas barricas que mantenía en su oficina, donde guardaba su tequila “personal”, que sólo él y sus amigos disfrutaban. Había decidido no sacarlo a la venta porque su proceso de elaboración era tan meticuloso y costoso, que nadie pagaría por el esfuerzo. Exigió, eso sí, que le consiguieran un envase “chaparrito” (de baja altura) para que los asistentes pudieran verse entre sí. De esa manera nació la nueva botella de tequila (la tradicional era espigada y burda) y, pronto, la adoptaron otros competidores.

Uno de los invitados quedó tan impresionado con este tequila de la reserva personal de Don Julio, que le ofreció comprar el resto de las botellas y le pidió mil botellas más.

“Te las pago ya y pídeme el precio que quieras”, le dijo. González le pidió el doble del tequila más costoso del momento para quitárselo de encima. “No hay problema, te las compro igual”.

De esta coyuntura inesperada nació el primer tequila de lujo mexicano, cuya primera etiqueta, hecha a mano por sus hijas para la fiesta, simplemente decía: “Gracias por venir. Este es un tequila de la reserva de Don Julio”.

La aparición oficial en el mercado fue un éxito y dio comienzo a una nueva era para el sector. Hoy existen no menos de 2.500 marcas, entre ellas Hacienda La Capilla, que envasa su tequila en una pesada botella de platino, con 4000 diamantes incrustados. ¿El precio? Tres millones y medio de dólares. En recipientes de vidrio, los tequilas comerciales más costosos fluctúan entre US$100 y US$2.000.

Así, el tradicional destilado dejó de ser una bebida popular para convertirse en un licor exquisito, de alcurnia, ofrecido en los bares y restaurantes más reconocidos del mundo.

De Colsa revela que hay una serie de secretos en la fórmula original de González y cita algunos de ellos:

- Menor cantidad de agaves por hectárea para aumentar la concentración.

- Cosecha individual por planta y no por lote para garantizar que cada ejemplar se cultive cuando haya alcanzado su punto óptimo. Es una estrategia de paciente espera.

- Producción en zonas elevadas, en los Altos de Jalisco, a casi 2.000 metros de altura, para que la mata adquiera características de gran delicadeza.

- Uso de alambiques de cobre en vez de torres continuas de destilación, con el fin de preservar la identidad de aromas y sabores.

¿Resultado? Un trago de sensaciones frescas, frutadas, herbales y delicadas, con un coqueto trasfondo de dulzor natural.

Por estas meticulosidades, dice De Calso, “Don Julio siempre será Don Julio”.

  • Hugo Sabogal | Elespectador.com

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Cecifer

Dom, 01/20/2013 - 15:21
Muy bonita e interesante la historia del empresario Don Julio. A quien no le guste estos temas, sencillamente no los lea y dejen de ser amargados como " Lycra ".
Opinión por:

Lira.

Sab, 01/19/2013 - 23:47
Me tiene REMAMADO la publicidad a las bebidas alcoholicas. ¿porque el gobierno permite que se le haga publicidad a un producto que causa tantas desgracias dentro y fuera de los hogares?
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