Por: Carolina Botero Cabrera

¡Los términos de uso tienen que importarnos!

Aunque se diseñó como una red descentralizada y abierta, en la Internet actual las plataformas que intermedian las comunicaciones son las que definen lo que podemos hacer o no y lo que permitimos que hagan con la información que les compartimos.

La garantía del ejercicio y respeto de los derechos humanos pasa por acuerdos legales privados que suscribimos sin pensar cuando aceptamos los términos y condiciones de uso de cada uno de los sitios que usamos. Es importante que pensemos cómo podemos mejorar esto.

El Comisionado para los derechos de los niños en el Reino Unido revisó la forma como se afectan los derechos de los menores en sus relaciones con las plataformas digitales. Encontraron que el lenguaje que usan las plataformas es precisamente un gran problema y por ello reescribieron lo relacionado con privacidad. Los nuevos textos fueron presentados a algunos menores, quienes al entender su alcance quedaron sorprendidos e incluso indicaron que no querían seguir usando estos servicios.

En esta línea, la Fundación Getulio Vargas recientemente publicó la investigación “Términos de uso y derechos humanos”, que analiza también contratos de las principales plataformas en línea en relación con las normas sobre derechos humanos. No me sorprende que la dificultad para las personas de entender y, por tanto, dar su consentimiento sobre lo que plantean los contratos sea también acá uno de los resultados.

Desde 2015, en Fundación Karisma (donde trabajo) hemos analizado los términos y condiciones de uso de las cinco principales proveedoras de acceso a Internet en Colombia (www.dondeestanmisdatos.info). Uno de los temas evaluados es qué tan fácil y claro es que las personas entendamos esos textos. Los documentos tienen muchas fallas, no solo en lo formal —es frecuente que sea difícil encontrarlos y que sean solo imágenes que no nos dejan buscar y navegar el documento—, sino también en lo sustancial, pues usan lenguaje especializado para abogados que dificulta su comprensión para las demás personas.

El diagnóstico existe, ahora debemos actuar para solucionarlo. Mi propósito para 2017 es pensar en formas para abordar este problema.

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