Por: Antieditorial

Los tropiezos para una verdadera paz

Por Eduar Martínez Segura

Al fin, la dejación de armas y la entrega de los menores de edad por parte de las Farc avanzan hacia su cumplimiento. Extrañamente, quienes alardearon de que eso no se daría, hoy en día no hacen mayor comentario al respecto. Sin embargo, hoy son otros los temas que tienen en vilo el éxito del proceso de desarme y reincorporación a la vida civil de los integrantes de dicho grupo guerrillero.

Plantea la editorial del 5 de marzo en este periódico que el proceso de paz avanza con algunos tropiezos, pero avanza. Del mismo modo enuncia que es necesario no creer que ya todo está solucionado y que se puede dar el siguiente paso. Es necesario agilizar la aprobación de la Justicia Especial para la Paz, de la adecuación de los campamentos que se prometieron, entre otros compromisos, porque a la fecha, las Farc sí están cumpliendo su parte.

Pero me parece necesario traer a la discusión que, en últimas, el cumplimiento de dichos requerimientos es solo un pequeño paso en la construcción de una verdadera paz para el país. En su investigación “¡Adiós a las Farc! ¿Y ahora qué?”, la senadora y precandidata presidencial Claudia López concluyó pertinentemente que se requiere reemplazar a los grupos armados (Farc, Eln, entre otros) y, en esa medida, crear ciudadanía, Estado y mercado para cerrar las brechas existentes en el país. Y es que dicha propuesta refleja, con toda razón, que la consecución de la paz no se da con el fin del conflicto únicamente, sino construyendo Estado y cerrando las enormes brechas e inequidad social existentes en el país.

Las negociaciones llevadas a cabo entre el Gobierno Nacional y las Farc fueron todo un enredo. La desinformación, el odio hacia dicho grupo guerrillero y la polarización nacional, que nos sigue arrastrando a un apasionamiento que no permite escuchar argumentos, han hecho que todo sea más lento y lleno de desconfianza. Sin embargo, hoy son varios los avances y dentro de unos pocos meses ese grupo armado dejará de existir. Ya son muchos los beneficios de haber llevado a cabo el acuerdo: desaparecieron los atentados, secuestros, enfrentamientos y, con ello, la vida de los soldados, campesinos y de los mismos guerrilleros, no corre el mismo riesgo.

Es hora de que se pase la página de la violencia en el país. Los colombianos debemos entender que nuestro mayor problema son la corrupción, la desigualdad social y, desde luego, la falta de cultura ciudadana, elementos que lograremos cambiar si, y solo si, apostamos por estas prioridades.

Como parte de esas nuevas prioridades, invito a reflexionar sobre dos hechos relevantes en la actual coyuntura del país. Primero: consulta anticorrupción, mecanismo que, de ser exitoso, obligará al próximo presidente y al Congreso de la República a adoptar siete medidas indispensables para prevenir y castigar duramente a los políticos y contratistas corruptos del país. Y segundo: marcha contra la corrupción: un acto simbólico, sin efectos legales, pero que curiosamente está siendo liderada por personas cuestionadas.

@eduartunjuelito

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