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Daniel Pacheco 29 Oct 2012 - 8:51 pm

Luces, cámara, elección

Daniel Pacheco

Llegó la recta final de las elecciones presidenciales de Estados Unidos y está muy apretada. Y aunque ‘Sandy’ ha refrescado el panorama con vientos huracanados, borrará sólo de forma pasajera la fascinación que sentimos ante este lejano evento democrático.

Por: Daniel Pacheco
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Mi interpretación de la intensidad de las miradas de sur a norte oscila entre la entendible curiosidad por el sonido vibrante de los engranajes de la democracia más influyente del planeta y un sentimiento de vergüenza propia por la avidez parroquial con la que se consume todo lo hecho en USA. Como sea, la tabla está servida, y llueve, truene o relampaguee, en una semana habrá, probablemente, presidente gringo para otros cuatro años.

Probablemente, porque el contrahecho sistema electoral gringo deja abierta la posibilidad de que haya un empate que tenga que ser solucionado por el Congreso. Ese mismo sistema hace que un candidato pueda ganar el voto popular pero perder el de los votos del colegio electoral. Pero sólo entrar a tener que explicar la ridiculez de este sistema parece ya una concesión de importancia a las malas ideas, sólo porque son ideas hegemónicas.

Mejor sería repasar algunas dos ideas interesantes que deja la campaña electoral, que lleva más de un año andando, y que por lo pronto pueden ser más provocadoras que el resultado mismo de la elección.

Arranco por lo mejor. La campaña negativa. Qué maravilla de país es Estados Unidos en el que uno puede decir las cosas más espantosas del contrincante, rayando en la difamación y la mentira, sin que todo desemboque en un arrebato de violencia bipartidista o un escándalo en los estrados judiciales.

Los estudios demuestran que aunque la gente diga que odia la propaganda negativa, es lo más efectivo a la hora de cambiar la dirección de un voto. Pero con toda justicia, los ataques frontales, en su mejor luz, son la forma efectiva de cobrar los errores, los defectos y descubrir el carácter de un candidato. Además, nos devuelven a la idea más justa de los políticos: son todos malos, lo que hay es que escoger el menos peor. Un refrescante cambio a nuestra política local, donde el Consejo Nacional Electoral, podrido en sus adentros, parece una policía perfumada de la moral y la política.

La elección del 2008 es una excelente muestra de lo insustanciales que son las elecciones que se libran con propuestas. El Obama de la esperanza fue una decepción tan grande, que indirectamente congratula el pragmatismo de los colombianos por no haber elegido a Mockus. Al menos el presidente gringo tuvo el buen sentido de virar hacia un realismo balanceado, y ahora en su campaña exhibe una apropiada falta total de nuevas ideas concretas.

La campaña de Mitt Romney refuerza el mismo punto. Un candidato que, si gana, se lo deberá a un debate en el que su contrincante miró demasiado al piso. Ese parece ser el valor del líder del “mundo libre”. Mirar al peligro directo a los ojos, a la cámara de televisión, y recoger suficiente dinero para bañar de publicidad negativa al contrincante. Un evento democrático para alquilar balcón.

  • Daniel Pacheco | Elespectador.com

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