Por: Oscar Alarcón

Macrolingotes

Ha sido un verdadero galimatías la sucesión de Chávez en Venezuela, porque la Constitución, tan mostrada por sus partidarios, dice una cosa y lo que hacen en su nombre es otra.

Por ejemplo, jamás se posesionó el presidente fallecido alegando que había un mandato continuado, situación que no está contemplada. El vicepresidente no es escogido por el pueblo, como sucede en Colombia a partir de la Constitución de 1991. Es el presidente, una vez elegido, quien lo designa. La Carta del vecino país señala una serie de situaciones cuando hay falta absoluta del presidente:

a) Cuando se produzca antes de tomar posesión, caso en el cual se convoca a una nueva elección y se encarga el presidente de la Asamblea Nacional, mientras se elige el nuevo.

b) Cuando se produzca durante los primeros cuatro años del período constitucional, caso en el cual también se convoca a una nueva elección y se encarga el vicepresidente, mientras se elige el nuevo.

c) Cuando faltan dos años del período constitucional, caso en el cual se encarga el vicepresidente, no se convocan nuevas elecciones y éste termina el período.
¿Qué pasó? Se aplicó la segunda hipótesis, cuando lo correcto habría sido usar la primera porque el presidente Chávez no se había posesionado y, por consiguiente, no tenía facultad para legalizar la designación de su vicepresidente y mal podía asumir éste como encargado. Debió asumir el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

¿Y por qué el vicepresidente Maduro procedió, tan pronto se posesionó como presidente encargado (porque él si se posesionó) a nombrar como nuevo vicepresidente a Jorge Alberto Arreaza, casado con una hija de Chávez? Porque él debía dejar de ser vicepresidente, porque el artículo 229 de la Constitución prohíbe que como tal pueda ser candidato presidencial. En cambio, como presidente encargado, sí puede aspirar.

Este es el derecho constitucional venezolano que es más confuso que el fútbol con el que nos derrotaron hace ocho días.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Oscar Alarcón