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Óscar Alarcón 22 Jul 2013 - 11:57 pm

Macrolingotes

Óscar Alarcón

El tema de los carruseles, de las coimas, de las participaciones en contratos, no es cosa nueva en nuestro país.

Por: Óscar Alarcón
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Uno de los primeros proyectos de grandes obras a los inicios de nuestra república fue el de la construcción del canal de Panamá, cuando el istmo pertenecía a nosotros. Ese sueño de los panameños, la historia de tan atropellado propósito, la comenzó un descendiente del emperador Bonaparte, Lucien Napoleón Bonaparte Wyse, quien llegó a Bogotá en la búsqueda del contrato de concesión para la construcción del canal. Era hijo ilegítimo de la sobrina de Napoleón I, la princesa Leticia, y del barón Jacques de Reinach. Gracias a su ancestro, así fuera ilegítimo, lo hizo en un tiempo récord, pese a los trámites burocráticos que desde entonces existían. Pero además fue objeto de numerosas atenciones de la gran sociedad de la época, a pesar de que la sangre azul del aristócrata era bastante desteñida.

Al país lo gobernaba en 1878 el presidente Aquileo Parra y el secretario del Interior y Relaciones Exteriores era el general Eustorgio Salgar. El 13 de marzo Bonaparte presentó sus poderes y el contrato de concesión se firmó siete días después (20 de marzo), con base en la Ley 33 de 1876 que le daba facultades al Gobierno para esos efectos; luego se tramitó La ley 28 de 1878, que aprobó el convenio, la cual sancionó el nuevo gobierno del general Julián Trujillo, que se había iniciado el 1º de abril. Como se puede ver, en apenas nueve semanas, con un gobierno que se iba y otro que llegaba, se pudo hacer realidad tan esperado propósito. ¿Esto fue ejemplo de rapidez oficial y eficacia legislativa, o fruto de carruseles y sobornos, porque a quien parte y reparte le toca la Bonaparte?

Los franceses iniciaron la obra bajo la dirección de Ferdinand de Lesseps, un anciano de 70 años que tenía la gloria de haber construido el canal de Suez. Pero aquí fracasó y el canal finalmente lo construyeron los norteamericanos. Y Colombia perdió Panamá, también gracias a sobornos y carruseles.

*Óscar Alarcón Núñez

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sopetran

Mar, 07/23/2013 - 17:30
Este Alarcon catapulto la frase de los Nulle "La corrupcion es inherente al ser humano",porque mejor no la pena de muerte para los corruptos como en la China de Mao
Opinión por:

mayoriaspensantes

Mar, 07/23/2013 - 11:23
Qué objetivo tuvo esta columna ¿legitimar la corrupción?
Opinión por:

Ewar Gordillo

Mar, 07/23/2013 - 10:39
Y por que la corrupcion es de vieja data, tenemos que seguir padeciendola? Con estos pensadores para que politicos.
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