Por: Óscar Alarcón

Macrolingotes

El país era gobernado por el general Gustavo Rojas Pinilla y prácticamente se le había salido de las manos después de tres años de dictadura.

 Alberto Lleras tuvo la iniciativa de ir en busca de su enemigo político, Laureano Gómez, quien se encontraba en el exilio en España después de haber sido víctima de un golpe de estado. Lleras, en compañía de Camilo Vázquez Carrizosa, amigo del jefe conservador, viajó el 14 de julio de 1956 con el propósito de llegar a Benidorm (Alicante), una población costera de la Madre Patria, en la búsqueda de un entendimiento de los dos partidos tradicionales.

La Declaración, que llevó por nombre el de esa población española, la suscribieron Lleras y Laureano Gómez el 24 de julio de 1956 para “recrear las instituciones y repudiar la violencia” por parte del liberalismo y el conservatismo. Cuando Lleras y Vázquez Carrizosa regresaron al país, fueron requisados en el aeropuerto de Techo, les quitaron los papeles que tenían a la mano (entre ellos la Declaración). Afortunadamente el jefe liberal metió en su maleta unos ejemplares mimeografiados que lograron burlar la vigilancia policial y de esa manera pudo conocerse su texto en el país.

La Declaración de Benidorm fue el documento que dio pie al plebiscito que el pueblo colombiano votó mayoritariamente el 1º de diciembre de 1957. ¿Por qué se le denominó plebiscito y no referendo? Porque así se le llama al voto a favor de personas, hechos o sucesos que pueden ser políticos y el referendo es la aprobación o rechazo a un texto jurídico.

Ahora se habla de referendo para eventualmente ratificar los acuerdos de La Habana, porque el propósito es votar por un texto. Pero la verdad es que todo referendo se convierte en plebiscito porque, si se aprueba, se está dando el apoyo al gobernante que lo propone.

Sea plebiscito o referendo, lo único cierto es que de realizarse será un acto De la Calle.

 

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